3 de September de 2014 00:00

Por qué apoyar o rechazar un impuesto a la comida chatarra

En países como Dinamarca, Hungría y Finlandia se implementaron impuestos sobre alimentos con altos contenidos de grasa y azúcar.Foto: Archivo EL COMERCIO

En muchos casos los ecuatorianos prefieren la comida chatarra. Foto: Archivo /EL COMERCIO

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Alberto Araujo. Redactor

La posibilidad de aplicar un impuesto a los consumos nocivos, anunciado por el presidente de la República Rafael Correa este 30 de agosto del 2014 está generando posiciones encontradas en las redes sociales.

En una encuesta sobre la aplicación de un impuesto a la comida chatarra, difundida desde ayer (1 de septiembre de 2014) en la página web de EL COMERCIO, han participado 1 344 lectores hasta la noche de hoy 2 de septiembre del 2014.

A la pregunta de si está de acuerdo con el impuesto a los consumos nocivos como licor, cigarrillos y comida chatarra, el 39,6% se mostró a favor, mientras que el 60,4% dijo estar en contra.

Alrededor de 300 comentarios se generaron en el Facebook de este Diario.

Por ejemplo, Romina Corozo tiene dudas respecto a que un impuesto de este tipo ayude a disminuir el consumo de estos productos, ya que ni siquiera un video, una imagen y un mensaje en las cajetillas de cigarrillos ha ayudado a disminuir o eliminar su consumo (…) "Lo mejor que se podría hacer es implementar programas de concientización, e incluso, incluir quizás en las mismas escuelas clases de nutrición”.

Maricarmen García comentó que si se determina un impuesto a la comida chatarra también deberían estar gravados varios platos típicos del país como la fritada, el hornado o las empanadas, que “tienen un alto contenido de colesterol”.

Otros lectores como Fabián Solís opinaron que muchas compañías que promueven la comida chatarra no se ocupan de la salud de sus consumidores sino de incrementar sus ventas. Y además no invierten en los países donde operan sus franquicias.

El país tiene productos naturales y saludables como la quinua, con la cual se puede elaborar galletas, tabletas o jugos.
Manny Gonzalez se sumó a esta postura al argumentar que la gente que come alimentos poco saludables en el futuro van a terminar usando servicio de salud público y por ello deben aportar al Estado.

En contra de este tipo de impuestos, Amira Salazar sostuvo que en lugar de nuevos tributos se puede optar por bajar los costos de los alimentos saludables. Añadió que un impuesto puede traer efectos contraproducentes como desempleo e inflación.

Elizabeth Proaño opinó que pese a la imposición de un tributo, la población seguirá consumiendo comida chatarra. “Deberían implementarse políticas de salud, fomentar industria nutricional, programas nutricionales y bajar el costo de productos nutritivos por excelencia como leche de almendras, chia, nuez pecana, carnes veganas, etc".

Dice que muchos de ellos son importados, por lo cual su costo es alto y no están a disposición de todos los bolsillos, por lo que la gente opta por productos menos nutritivos y altos en grasas, con precios más bajos.

Rodrigo Castañeda cuestionó que luego de siete años el Gobierno caiga en cuenta que estos productos son dañinos. Argumentó que la medida busca financiar el déficit del Estado.

Del otro lado, Mauro Monti felicitó la iniciativa como una medida para desmotivar a la gente a consumir alcohol, cigarrillos y comida chatarra. Destacó que es una medida que vela por la salud de la población.

Patricio Bustos también se sumó a la posibilidad de este impuesto, que no es un “invento” del Gobierno sino una recomendación dela Organización Mundial de la Salud (OMS), el organismo internacional más importante de esta área.

El usuario Odlan-Ra GM también se mostró de acuerdo e insistió en que este tipo de impuestos no es para ganar más dinero sino para que “disminuyan el consumo de estos alimentos” que no solo hacen daño a la salud sino que además crean adicciones.

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