5 de January de 2010 00:00

Sin aplanadora

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Fernando Larenas

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Faltaban pocas horas para que se acabe el año y al Presidente de la Asamblea Nacional se lo veía muy preocupado, no porque a alguien se le haya ocurrido quemarlo de acuerdo con la tradición, es que la bronca en el salón de sesiones, si bien no tuvo grandes proporciones, fue la primera desde que se instaló bajo su conducción.

El manejo del poder Legislativo ha sido adecuado, da la impresión que el trabajo es mucho más sólido que en los anteriores congresos cuando los diputados llegaban el martes por la tarde y se iban a sus casas al mediodía del jueves.

Por lo menos, en esta última etapa, el ente legislativo ha mostrado independencia de la función Ejecutiva y también de los otros poderes del Estado. Sin embargo, siempre existirán dudas de que llegada la hora de la verdad los asambleístas se dejen llevar por las emociones que brinda el poder y no actúen apegados a los más apreciados intereses de la colectividad nacional.

Tampoco voy a justificar el escándalo protagonizado por un grupo de legisladores de la oposición; lo que se vio es similar a lo que tantas veces presenciamos en el recinto parlamentario, en el mismo escenario donde predomina el famoso mural de Guayasamín con un casco de la CIA incluido.

La impotencia de las minorías de hoy es exactamente la misma que mostraron las mayorías que hoy controlan el poder y que antes eran arrasadas por las denominadas aplanadoras, trituradoras o cómo se le haya querido denominar.

La democracia es el arte de respetar las diferencias, lo contrario es el autoritarismo, es decir, el exceso de autoridad, sin control, sin oposición, sin matices diferentes. El pensamiento unilateral no existe ni en las más perfectas de las sociedades, el consenso es lo único que puede llevar a las naciones a superar el subdesarrollo mental.

Las minorías, si bien no tienen la capacidad de convencer a una mayoría solamente con discursos, por lo menos tienen el derecho a expresarse y hay que tomarlas en cuenta. La prensa siempre criticó a las aplanadoras de los años ochenta y noventa, ahora la correlación de fuerzas cambió y los que antes estaban en desventaja hoy son mayoría y no pueden caer en la misma práctica política.

Nada mejor que predicar con el ejemplo y me parece que Fernando Cordero está en lo correcto, ha mostrado independencia del Ejecutivo y debe agotar todo lo que esté a su alcance, todo lo que su vocación democrática determine para que esta Asamblea no sea igual a los Congresos anteriores.

Antes decían que las órdenes llegaban al Congreso desde El Cortijo, hoy no deben venir de ningún otro poder y, si existiesen sospechas, Fernando Cordero debe ser el primero en despejarlas, así es la democracia y así deben actuar los organismos del Estado.

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