20 de abril de 2016 18:42

18 aparatos más se instalan para registrar los movimientos en el perfil costanero, después del terremoto

Distintos aparatos sísmicos serán colocados y revisados por técnicos del Instituto Geofísico, en el perfil costanero del Ecuador después del terremoto del 16 de abril. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

Distintos aparatos sísmicos serán colocados y revisados por técnicos del Instituto Geofísico, en el perfil costanero del Ecuador después del terremoto del 16 de abril. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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Evelyn Jácome

El control se incrementó. Luego del sismo de 7.8 grados en la escala de Richter que sacudió al Ecuador el pasado 16 de abril del 2016, el Instituto Geofísico reforzó su Red de Monitoreo Sísmico a nivel nacional. Se realizan varias acciones con el fin de instalar 18 sismógrafos y acelerógrafos en la zona del epicentro y sus alrededores desde Jipijapa hasta Punta Galeras y desde Babahoyo hasta el perfil costero.

Mario Ruiz, director del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (EPN), contó que luego del terremoto el país hizo un pedido de aparatos al Servicio Geológico de Colombia e inmediatamente enviaron un grupo de técnicos y expertos con ocho acelerógrafos.

El Geofísico cuenta, además, con un equipo de emergencia que consta de 10 equipos. Dichos aparatos son colocados por técnicos que el lunes se desplazaron a la provincia de Manabí.

Los instrumentos que se están implementando son estaciones sísmicas de banda ancha que detectan sismos pequeños y grandes. Además se van a implementar GPS de muy alta resolución que permiten ver y medir cómo se comporta la superficie.

Ruiz contó que, por ejemplo, un GPS de ese tipo ubicado el año pasado en la zona, sufrió un levantamiento de 80 centímetros a consecuencia del sismo. Explicó, además, que los aparatos que se están colocando necesitan baterías y paneles solares para que los alimenten. Son una especie de computadoras con blindaje especial que les permite trabajar de forma ininterrumpida en el campo.

Hasta la zona del epicentro viajaron, además, expertos de la Facultad de Ingeniería Civil de la Escuela Politécnica Nacional, para realizar la evaluación de los daños en las edificaciones y la determinación de intensidades sísmicas.

Otro grupo se desplazó para realizar mantenimiento de la red de estaciones permanentes y la recolección de datos de las estaciones acelerográficas con la finalidad de continuar registrando las réplicas y los movimientos telúricos en general.

Los profesionales técnicos y científicos que se han desplegado por la zona costera afectada, trabajan en la delimitación y la ubicación del plano de falla y evaluar la zona de desastre.

Al momento, a escala nacional, hay 130 aparatos, muchos de ellos en la zona Interandina ya que es importante monitorear los volcanes. Además hay un segmento de equipos en la línea costera. Solo en el perfil costanero hay más de 20 estaciones. Además, el Geofísico cuenta con equipos ubicados en la Amazonía y en Galápagos.

Los 130 aparatos son acelerógrafos y sismógrafos que pertenecen a la red sísmica nacional. Los acelerógrafos miden los eventos fuertes, más grandes, mientras los sismógrafos son capaces de medir los grandes y además los eventos más pequeños.

Usualmente los acelerógrafos son colocados en zonas urbanas para registrar el movimiento, el sacudón en la ciudad, mientras que los sismógrafos son ubicados en zonas alejadas para que los vehículos y el ruido no alteren el resultado.

Dentro de la red nacional hay seis aparatos que pertenecen al Proyecto de Cooperación con Japón. Son aparatos de alta tecnología y están ubicados en San Lorenzo, en Flavio Alfaro, en la zona sur del país, cerca de Pisayambo y otro en la parte oriental de Pichincha.

Ruiz explica que esos equipos fueron donados por Japón porque luego del sismo del 2011 que afectó la zona de Totoku, descubrieron que los equipos normales pueden llegar a saturarse y no registran completamente la señal sísmica, así que desarrollaron un nuevo sistema que se llama Sensores de velocidad movimiento fuerte del terreno.

Además se están realizando gestiones con instituciones que han colaborado con el Geofísico como universidades y laboratorios de Francia y Estados Unidos para que refuercen el monitoreo con fines a entender que fue lo que ocurrió, ver como las réplicas se están distribuyendo y se está presionando o no a segmentos vecinos.

Se espera que de Francia lleguen 10 sismómetros especiales muy difíciles de conseguir a nivel mundial que se instalan en el fondo del piso oceánico.

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