12 de January de 2010 00:00

Los apagones afectan hasta la forma de preparar los alimentos

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Redacción Ecuador
redacción@elcomercio.com

‘Dicen  que en dos meses uno ya empieza a  acostumbrarse a los cambios. Pero  en el caso de los racionamientos de energía, esto  no es cierto”, señala  Helen Cevallos.

Ella sufre cada día por los cortes,  en el momento que debe preparar los alimentos para su familia. Cevallos tiene una cocina eléctrica y sin luz no puede cocinar.



Sobre los apagones
La Empresa Eléctrica Quito señaló que desde esta semana ya no habrá cortes entre las 09:00 a 11:00. Los sectores que estaban programados para este horario soportarán los cortes de 16:00 a 18:00. Eso con el fin de no afectar al sector productivo.
La Empresa Eléctrica Quito  continuará apagando las lámparas de alumbrado público, en las principales vías de la ciudad. Con esa medida se pretende ahorrar  en la distribución del servicio. La disposición rige hasta cuando se termine la crisis energética.

Por ello, los apagones le cambiaron completamente su cotidianidad. “Tengo que estar pendiente de los horarios para  preparar la comida”.

Donde  vive, San Juan de Cumbayá, en el nororiente de Quito, la luz se va de 11:00 a 13:00, justo  cuando tiene tiempo para cocinar. Ahora, con su empleada, Edita Saltos, ajustó ese horario y prepara la comida antes de las 11:00.   

Sin embargo, su problema no termina ahí. Sus dos hijos y su esposo  llegan a partir de las 12:30, pero la comida se sirve luego de las 13:00. La razón: tiene que esperar que llegue la energía para poder calentar los alimentos. 

 “En una ocasión, cuando los racionamientos duraban más, me tocó pedirle a una vecina que me permita calentar la comida en su cocina a gas”, recuerda.
Cevallos dice que existen dos soluciones para este problema. La una, que se terminen los racionamientos y la otra,  comprar una cocina que funcione con  gas.  Por el momento  no ve viables ninguna de las dos alternativas.

“Utilizo la cocina eléctrica por seguridad. Siempre es peligroso manipular el gas”.

Se desmotivó más cuando escuchó que los cortes podrían terminar el 15 de febrero, según lo anunció el Gobierno. “Esperemos que esta fecha no se prolongue, como ya ocurrió en anteriores ocasiones”. 

Otra ama de casa afectada por los racionamientos es Yolanda Pérez. Ella vive en el barrio Cochapata, en el noroccidente de la capital,  y su trabajo consiste en entregar comida a domicilio.   

Cuenta  que ha debido alterar toda su agenda, para no perder clientes por los cortes. Antes hacía compras para 15 días, ahora va al mercado dos veces a la semana. Su argumento es que algunos ingredientes, como la carne, las frutas y las verduras, no se conservan igual sin refrigeración.
 
“Tengo que destinar un tiempo extra para hacer compras, dejando de lado otras responsabilidades”, asegura.

Para preparar algunos productos utiliza ollas eléctricas. “Por ejemplo, hay platos como los típicos que se deben cocer por largos períodos y yo usaba las ollas lentas que funcionan con energía”.
Ahora, le toca madrugar para cocinar en la olla de presión, pero el resultado no es el mismo. Por ejemplo, en olla lenta, una pata de res mantiene su consistencia y sale suave. En la de presión, sale más dura y con otro sabor.

Tampoco puede usar las batidoras para hacer los postres. Un día no tuvo otra opción que batir la crema a mano, para decorar los postres que le pidieron.
Paola Heredia, quien vive en la avenida Tufiño, en el norte de la ciudad, también siente los efectos de los racionamientos. 

Ella acaba de tener un hijo y compró una olla esterilizadora de biberones, que funciona con  energía. Además, adquirió otro utensilio que le sirve para mantener la leche a la temperatura adecuada. “No puedo usar las ollas como debería. A los bebés hay que alimentarlos siempre, ellos no entienden de cortes”.

La cotidianidad del niño Gabriel Huertas se alteró en los dos últimos meses.  Él vive en el sector de Miraflores, centro norte de Quito. En  su zona, los racionamientos son de 14:00 a 16:00.

De 15:00 a 16:00 su madre le había autorizado  jugar en el Play Station.  “Ya es cuánto tiempo y no se acaban los apagones. Yo paso las tardes aburridas. Mis amigos ya no vienen”.

Testimonios
Yolanda Ramos/ Nueva Loja
‘La nevera de mi casa se quemó en un apagón’
Hace pocos días instalé un negocio, en el cual ofrezco el servicio de cabinas telefónicas e Internet. Los racionamientos se aplican durante las tardes. Lo más lamentable es que de 14:00 a 18:00 es cuando más acuden a mi local los clientes, pero las máquinas están apagadas. Cuando ya se restablece el servicio, los jóvenes que aún no tienen luz en su casa vienen con apuro  a realizar sus tareas,  pero siempre les advierto que guarden a cada momento los archivos. A causa de los apagones, en mi casa ya se quemó una nevera, por más que uno quiere cuidar las cosas, a veces los apagones se dan minutos antes del horario establecido. Reparar el artefacto me representa un gasto de USD 220, pero no me arriesgo a hacerlo hasta que se acaben los racionamientos. En realidad, no sé cómo proceder, quisiera que la Empresa Eléctrica cubra la reparación de la nevera, pero nadie me ha explicado si la queja la debo presentar por escrito o verbalmente. Tampoco sé a quién dirigirme. Hay mucha desinformación.

Ernesto Jiménez/ Loja

‘Es difícil vivir   sin energía eléctrica’

Los cortes de energía eléctrica han ocasionado pérdidas económicas en mi almacén. Cuando los cortes son por la noche, mis clientes prefieren no salir a la calle, por el peligro que hay en el centro de la capital de Loja, en esa zona tengo mi negocio. Lo bueno que en los últimos días han cortado la energía en el día, de 13:00 a 14:00. Los comerciantes somos los más perjudicados. La vida moderna necesita de los servicios básicos y en ese sentido, no se puede prescindir de la energía eléctrica. Nuestro país tiene recursos para la generación hidroeléctrica, sin embargo, los ciudadanos pagamos las consecuencias de una administración irresponsable de nuestros gobernantes. Personalmente, pensaba que los racionamientos ya eran cosa del pasado, pero no ha sido así y otra vez tenemos que afrontar esa realidad de estar a oscuras. En el centro de la ciudad, la mayoría de dueños de negocios está perjudicada. Lo más lamentable es que ese dinero perdido no se  vuelve a recuperar.

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