24 de septiembre de 2015 12:57

Antonio Arregui optó por el silencio ante el anuncio de su sucesor 

Monseñor Antonio Arregui , arzobispo de Guayaquil. Foto: Gabriel Proaño/El Comercio

Monseñor Antonio Arregui , arzobispo de Guayaquil, se alejó de los medios de comunicación. Foto: Gabriel Proaño/El Comercio

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Elena Paucar y Juan Carlos Mestanza

Luego del anuncio de su sucesión, Monseñor Antonio Arregui prefiere mantenerse alejado de los medios de comunicación. Aún no se conoce la fecha exacta de la transición en la que el  monseñor Luis Gerardo Cabrera Herrera, actual arzobispo de Cuenca, se trasladará a Guayaquil.

Hasta mientras, las actividades de Arregui como arzobispo de Guayaquil se mantienen como parte de la Semana de la Familia, que celebra la comunidad católica en estos días. Este viernes 25 de septiembre, a las 19:30, presidirá una ceremonia de matrimonios colectivos en la Catedral Metropolitana de Guayaquil.

Y el sábado 26 de septiembre participará en el día de los jóvenes. Será a las 12:00 en la explanada del Palacio de Cristal, en el Malecón 2000. Aquí se dará el testimonio de los religiosos y laicos, de su trabajo por la evangelizadora de las familias.

En octubre próximo, Arregui y Cabrera participarán como representantes de Ecuador en la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos, que será en Roma. Este encuentro se celebrará del 4 al 25 de octubre y el tema será la vocación y la misión de la familia en la iglesia y en el mundo contemporáneo.

Según algunos colaboradores, luego de la sucesión Arregui continuaría en Guayaquil como arzobispo emérito. Su dimisión a la arquidiócesis fue presentada en enero de este año. De acuerdo al Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica, esta debe ser presentada luego de cumplir los 75 años de edad.

El papa Francisco aceptó su renuncia el 18 de junio del 2014. Incluso, una semana antes, durante una reunión del Consejo de Administración de la fundación Populorum Progressio, en Roma, Arregui pudo saludarlo personalmente y recibió felicitaciones por su cumpleaños de parte del Pontífice.

El prelado de origen español tuvo una participación muy activa en la organización de la visita del Papa Francisco al Ecuador, y de manera especial a Guayaquil, a inicios de julio pasado.

El 27 de agosto recibió múltiples muestras de respaldo de diversos sectores luego que el secretario Jurídico de la Presidencia de la República, Alexis Mera, lo calificó como “insolente recadero de la derecha”. Arregui había declarado que el diálogo convocado por el Gobierno debía “recuperar credibilidad” y que era “imprescindible un gesto que confirme su intención de escuchar a todos los sectores”.

Dichas declaraciones del Arzobispo las hizo en una entrevista en Ecuavisa donde expresó que “los espacios de discusión de todos los asuntos públicos se han restringido peligrosamente de tal manera que solo ha quedado la calle para manifestar el descontento” y que el Gobierno debe hacer rectificaciones.

El funcionario público dijo al respecto que “aquí se habla de que el gobierno no quiere dialogar, hasta vemos al obispo de Guayaquil, insolente recadero de la derecha, que a nombre propio habla de que el gobierno no dialoga. Él es el que debe dialogar con los homosexuales que dice que no sirven para nada".

Ante dichas afirmaciones, monseñor Arregui aclaró que “la iglesia, y yo personalmente, no tratamos de ser ni enemigos de este Gobierno, ni de ninguno. Respetamos la autoridad, pero ciertamente tenemos la obligación de ejercer nuestro derecho de opinar como ciudadanos y como ministros de Dios, de tratar de iluminar con el evangelio las realidades de nuestra vida social, económica y política”.

La Conferencia Episcopal Ecuatoriana mostró su malestar con las declaraciones del secretario Jurídico de la Presidencia y un día después, en un comunicado, “rechazaron las expresiones ofensivas” de Mera.

El documento agregó “que son totalmente impropias, no abonan al clima de respeto y serenidad que tanto necesitamos en estos momentos. Las sentimos como una ofensa a la buena voluntad de todos los Obispos del Ecuador, que no hemos hecho más que llamar al diálogo y a la mesura a todos los actores políticos y sociales, en la actual situación de tensión y de difícil perspectiva para nuestro país. Esperamos las disculpas del caso”.

Incluso el presidente Rafael Correa, en su enlace sabatino, dijo que “por ahí salió un curita, no hablando como pastor sino como jefe de campaña del candidato del Opus Dei (en relación a su opositor Guillermo Lasso) y después se quejan de recibir respuestas políticas”. “Los curas no tienen derecho a participar en política y cada vez que actúen como políticos, pues tendrán que recibir respuestas políticas”.

El canciller encargado, Xavier Lasso, dijo no compartir las expresiones de Alexis Mera. Pero, el 1 de septiembre, el canciller Ricardo Patiño dejó de lado sus vacaciones –tomadas para organizar las bases de Alianza País para enfrentar las protestas de la oposición en las calles- para reunirse con Fausto Trávez, presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

“Hemos resuelto terminar esta polémica. Reconocen en ellos (el Gobierno) se les fueron las palabras y las manos. El señor Presidente está muy compungido porque él no quiere que la Iglesia sufra ni ningún pastor. Por otra parte, la Iglesia no quiere armar polémica. Tenemos tantas cosas de qué preocuparnos y no conviene estar en una polémica que permita a la gente poner su atención en la diferencia entre Estado e Iglesia", dijo Trávez luego de la reunión de 40 minutos.

En su cuenta de Twitter, Patiño escribió que “con monseñor Trávez hemos recordado los mensajes de amor, solidaridad y humildad ofrecidos por el papa Francisco en su reciente visita”. Sin embargo, nunca se ofrecieron las disculpas públicas a Arregui.

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