3 de January de 2010 00:00

El año de la adicción

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Vicente Albornoz Guarderas

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El 2009 fue el año en que se consolidó la adicción del Ecuador al petróleo. Si antes éramos dependientes del precio del barril de crudo, ahora lo seguimos siendo, pero a un nivel más alto, un nivel que se parece a la adicción.

¿Cómo hemos terminado en esta adicción? Pues muy sencillo: todos los motores de la economía se han apagado (sobre todo la inversión privada) y solo queda el gasto público como fuerza que puede revivir la actividad económica. Ese gasto, a su vez, depende del precio del petróleo. Si ese precio cae, también caerá ese único motor de la economía y, adicionalmente, ya no habrá ahorros para recurrir en caso de emergencia (nos los farreamos a inicios de 2009).

Desde los años 70, la suerte del Ecuador ha estado relacionada con el precio y la producción de petróleo. Cuando alguno de los dos subía, la economía mejoraba y cuando bajaban, empeoraba. En parte, el mal desempeño de la economía a fines de los 80 fue por el bajo precio del petróleo. También, parte de los problemas de fines de los 90 se debieron a que el barril ecuatoriano llegó a cotizarse en menos de USD 7.

Pero lo de ahora es distinto. A inicios de 2009, cuando el país estaba entrando en esta terrible adicción, al barril se le ocurrió caer a algo menos de USD 30. Por cierto, ese precio era superior al que, ya en dolarización, había habido durante todo el gobierno de Noboa y buena parte del de Gutiérrez. Durante esos gobiernos, ese precio no hizo a nadie pensar que la dolarización podía derrumbarse. Pues entre febrero y marzo de este año, estuvimos al borde de colapsar.

Lo que impidió el colapso fue que el Gobierno disponía de abundantes ahorros que le permitieron amortiguar ese golpe. Entre septiembre 2008 y junio 2009, el Gobierno perdió USD 5 519 millones de ahorros. Afortunadamente, cuando los ahorros estaban a punto de agotarse, el precio del petróleo se recuperó y la economía del país se ahorró un colapso mayúsculo.

El problema es que ya no tenemos esos ahorros. Se fueron. Se esfumaron. Y para empeorar las cosas, nadie nos va a prestar plata porque andamos declarando nuestras deudas ilegítimas. O sea, no hay amortiguadores ni quien nos los preste. Dramático.

La inversión privada, el motor que hizo que el país creciera extraordinariamente entre 2001 y 2006, también se fue. Cómo no se iba a ir después de cómo la han maltratado. El Gobierno ha atacado a las operadoras  celulares, a las mineras, las petroleras,  los bancos y  los medios. Además  anuncia unos insostenibles aumentos de sueldos, mató la contratación por horas, se ha mandado tres reformas tributarias en dos años  y habla de reformas agrarias (la mejor manera de evitar que los agricultores inviertan). Bien matada mató a la inversión privada. Bien dramático.

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