11 de noviembre de 2015 00:00

Angola esconde a los niños de la calle por los 40 años de su independencia

Una religiosa entrega zapatos a huérfanos angoleños en un centro infantil de Luanda. Foto: AFP

Una religiosa entrega zapatos a huérfanos angoleños en un centro infantil de Luanda. Foto: AFP

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Agencia AFP

Los niños de la calle de Luanda fueron recogidos por autobuses y hacinados en orfanatos antes de los festejos por los 40 años de la independencia de Angola que fueron este 10 de noviembre del 2015, en un intento de las autoridades de esta excolonia portuguesa de ocultar la miseria de la capital.

“El gobierno decidió limpiar la ciudad desde finales de octubre para dar una buena imagen” de Luanda, explica a la AFP João Facatino, director de uno de los orfanatos privados de Luanda, el centro de acogida de niños Arnaldo Janssen (Cacaj) .

Son las doce. Un autobús llega al centro, escoltado por un policía. Adentro, ocho niños agotados aguardan en silencio. Una pequeña tiene los ojos llenos de lágrimas.

João Facatino, un misionero de pelo rapado y barba ligeramente canosa, se indigna de que el gobierno no participe en el funcionamiento de los orfanatos, que son todos privados a excepción de uno, y del método - llevar a los niños a la fuerza - inadaptado, según él.

“La mayoría de los niños se escapa la primera noche”, constata. “Se necesita una buena preparación psicológica antes de acoger a un niño que no tiene la costumbre de obedecer reglas”, explica.

Varios miles de niños viven en las calles de Luanda, una capital de 8 millones de habitantes, según estimaciones de una ONG.

La mayoría tiene familia, pero fueron abandonados por razones económicas o echados de sus hogares debido a sospechas de brujería. “Cuando un miembro de la familia muere o está enfermo, se debe encontrar un culpable, explica Facatino. A menudo, se acusa a los niños más traviesos”.

Algunos niños simplemente se perdieron y otros, víctimas de abusos, huyeron de sus hogares.

Empleados de orfanatos sin sueldo

El orfanato de João Facatino ofrece una formación profesional a los menores. “Algunos son ahora abogados o ingenieros en compañías petroleras”, afirma orgulloso el director, una profesión muy útil en un país que se ha convertido en un gigante petrolero.

Este centro acoge a 110 niños de entre 7 y 18 años. Treinta de ellos llegaron desde octubre, fecha de inicio de la operación lanzada por las autoridades angoleñas.

Para ir del comedor a las clases o a los dormitorios, los niños tienen que pasar por fuera, por un camino lleno de lodo. Para beber, llenan su vaso desde un barril oxidado que recupera el agua de lluvia.

“Nos faltan medios. El mes pasado no pudimos pagar los sueldos de los empleados y este mes tampoco podremos”, cuenta Facatino. Varios empleados renunciaron.

Un televisor, instalado en el comedor, es la única distracción para los niños, además de unos pocos talleres de manualidades. “Unos niños van a la escuela por la mañana, otros por la tarde y los mayores por la noche, no hay espacio suficiente para todos”, explica el director del establecimiento.

Durante una reunión organizada por las autoridades en octubre para anunciar el operativo, los responsable de los orfanatos consideraron que “el método empleado no es el ideal”, explica Facatino. Una forma de hablar que refleja el miedo que reina en este país controlado con mano de hierro por el presidente José Eduardo dos Santos desde 1979.

“El gobierno está al tanto de nuestra situación”, estima este misionero, pero “para cambiar las cosas, se necesita invertir. Y pese a las promesas - añade - no creo que esté en el programa”.

Angola consiguió su independencia de Portugal en 1975. Las festividades arrancaron el martes por la noche con un concierto del cantante estadounidense Stevie Wonder y del grupo Jackson 5.

El miércoles (11 de noviembre), unos 7 000 invitados, incluyendo a 100 representantes de países extranjeros, asistirán al desfile militar organizado en una de las principales arterias de la capital.

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