20 de junio de 2018 23:46

Angela Merkel entre las cuerdas: Cien días de mandato que parecen mil

Superado el que parecía su peor escollo, la formación de Gobierno en Alemania tras seis meses de arduas conversaciones, la mandataria ve cómo todavía a día de hoy su decisión de abrir las puertas a cerca de un millón de migrantes en septiembre de 2015 pue

Superado el que parecía su peor escollo, la formación de Gobierno en Alemania tras seis meses de arduas conversaciones, la mandataria ve cómo todavía a día de hoy su decisión de abrir las puertas a cerca de un millón de migrantes en septiembre de 2015 puede pasarle factura. Foto: Agencia AFP

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Agencia DPA

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Con 100 días de mandato cumplidos este jueves, la canciller alemana Angela Merkel se resiste a dar por perdida una carrera de obstáculos en la que la crisis de refugiados la amenaza de nuevo con una retirada antes de tiempo.

Superado el que parecía su peor escollo, la formación de Gobierno en Alemania tras seis meses de arduas conversaciones, la mandataria ve cómo todavía a día de hoy su decisión de abrir las puertas a cerca de un millón de migrantes en septiembre de 2015 puede pasarle factura.

En los albores de su cuarta legislatura consecutiva la considerada como la mujer más poderosa del mundo se ha tenido que acostumbrar a coleccionar adversidades. A los arrebatos de un presidente estadounidense, Donald Trump, que gobierna a golpe de tuits, se ha sumado el auge de un nacionalismo en Europa que en la potencia europea ha fragmentado el Parlamento con la consagración de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) como tercera fuerza política y debilitado a los partidos tradicionales obligándolos a cerrar acuerdos de Gobierno sostenidos por pies de barro.

En esta constelación, el gran problema de la dirigente tiene un nombre propio: Horst Seehofer. El ministro del Interior y líder de la Unión Cristianosocial (CSU), el partido bávaro socio de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, sostiene en sus manos el destino político de su "jefa".

Su nombramiento como ministro, condición sine qua non para cerrar un Ejecutivo de coalición de conservadores y socialdemócratas hace tres meses y evitar la convocatoria de nuevas elecciones en Alemania, se ha revelado como la mayor carga de la canciller.

Seehofer, su mayor crítico durante la gestión de la crisis de refugiados en 2015, le ha dado un ultimátum con el que persigue que Alemania cierre sus fronteras a los migrantes que tras cruzar el Mediterráneo ansían un mejor futuro en Europa.

Si en menos de quince días Merkel no consigue acordar con sus colegas del bloque una solución a una incipiente segunda ola migratoria, la coalición de Gobierno sellada en Berlín saltaría por los aires. Merkel, obstinada en consensuar con el resto de países miembro de la Unión Europea (UE) una salida que ponga fin a la llegada masiva de migrantes que se juegan la vida en alta mar, tendrá que dar cuenta de su consabido pragmatismo para contentar a sus socios bávaros y al mismo tiempo no generar un terremoto político en países muy afectados por la migración como Italia o Grecia.

La canciller debe garantizar la continuidad de su Gobierno sin que ello suponga una pérdida de gobernabilidad en la Unión Europea. El tiempo apremia y dos citas con las urnas podrían precipitar los acontecimientos.

Mientras que Seehofer tiene la mirada puesta en las elecciones de Baviera de mediados de octubre y busca mostrar a los electores de la próspera región del sur de Alemania que se puede controlar el flujo de refugiados con mano dura sin necesidad de tener que acudir a un partido ultraderechista como AfD, en Bruselas se esfuerzan por mostrar buenos resultados de su gestión a las puertas de los comicios europeos del próximo año.

Con las espadas en alto en las filas del bloque conservador, han pasado prácticamente desapercibidas la aprobación de ayudas a la compra de vivienda a familias con hijos o la reducción de las cuotas de la seguridad social, las medidas más importantes sacadas adelante en los primeros cien días de este Gobierno de coalición integrado tambien por el Partido Socialdemócrata (SPD).

En sus horas bajas, en las que algunas voces aventuran de nuevo el fin de la "era Merkel", la dirigente comprueba ya sin asombro que su mayor apoyo sigue siendo la formación que la teoría política ha considerado tradicionalmente como su principal rival: el SPD.

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