24 de December de 2009 00:00

Ángela Viteri esperó 10 años para conseguir un hígado

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 Redacción  Sociedad

Cuando   solo tenía   20 años  y cursaba el segundo año de  Medicina en la Universidad Central    (Quito), Ángela Viteri  ya presentó los primeros   síntomas  de que   su   hígado   sufría    alteraciones.  La fiebre,  decaimiento,  presencia de sangre en las heces eran frecuentes. 

Esto  hizo que  se interne en los hospitales Enrique Garcés y  Eugenio  Espejo, pero en ninguno  acertaron el diagnóstico.   Finalmente llegó a una clínica; luego de   varios     
exámenes    le   dijeron que  tenía   cirrosis hepática congénita. 
 
Esta enfermedad  destruye paulatinamente   el hígado,  que se   encarga  de  purificar   el  organismo.
   
Desde entonces, la paciente   buscó  una oportunidad de trasplante,    pero en Ecuador no  se realizaba  este tipo de cirugía. Tampoco  había donantes. 
     
“Mi   hija tiene 30 años, esperamos 10   para  que     reciba el hígado”,  relató     ayer el padre de la paciente, Tito Viteri. Ella fue una de las primeras beneficiarias  de un programa que impulsaron  los Ministerios  de Salud,   Inclusión Social y el Hospital Metropolitano. 

Con este proyecto  se quiere   respaldar  una campaña   para   aumentar el número de donantes.
     
El médico cirujano  Franz Serpa, quien operó a Viteri  la  tarde y noche del lunes,      aclaró que cuando  se extrae  el órgano de una  persona fallecida  la cirugía se “hace   con todas las técnicas  adecuadas  y respeto al  cuerpo. Luego se reconstruye   y es como salir  de una operación común y corriente”. 
          
El presidente de la Fundación  Donantes por la Vida,  Xavier Cabezas, dijo que no es  verdad  la creencia popular de que  se destruye todo el cuerpo para sacar los órganos. “Se abre  y se  cierra  el organismo   con base en  planos quirúrgicos  y  respetando la anatomía. No es que se destruye o se   destroza a las personas”.
     
Con esta explicación, el médico  sostuvo    que  los familiares del fallecido  no deben temer  el momento de  autorizar   para  la
extracción de los órganos.
 
Juan José   Suárez,  médico hepatólogo,   manifestó que precisamente por falta de donantes  el programa impulsado  por el Gobierno tardó  siete meses en arrancar con  la cirugía de   Viteri.

El déficit de voluntarios también    obliga a    que  unas  1 000 personas   de todo el país estén a la  espera de un    riñón. El trasplante de este órgano  es  el más común en el país.   Otras cirugías que se hacen con menor continuidad  son de  corazón (siete    casos en Guayaquil),  medula ósea (18)  y córneas.

Serpa aclaró ayer que  en 2002  se realizaron  dos intervenciones     de hígado.  “Una   de ellas tuvo éxito, mas el niño  falleció dos años después, pero ocurrió   porque  no siguió  los tratamientos médicos”. 

El padre de Viteri    llegó la mañana  de ayer  al Hospital Metropolitano.  Allí se enteró que   su hija  tiene buen pronóstico.   También estuvo su tía,  Ruth. “Estamos  felices, es el mejor   regalo de Navidad   que pudo recibir mi   sobrina”.

Por el momento, la paciente sigue en terapia intensiva.   Según Suárez,    cuando  Viteri deje el hospital   y vaya a  casa no implicará  que deba estar  en silla de ruedas o postrada. “Inmediatamente entrará  a  una    vida familiar y  laboral normal.   Eso sí, debe  estar   en controles permanentes   y con  los  medicamentos    para toda la vida”.

La paciente debe  consumir todos los días (08:00 y 20:00) inmunosupresores   para evitar que  el organismo  rechace  al hígado.

En el país,  la Ley de Trasplantes de Órganos y Tejidos  está  vigente  desde  el 27 de julio de 1994. Allí  se fijan cuatro   parámetros para  ser donante. Por ejemplo,  si es donante vivo que      la extracción de   órganos  no implique  riesgo alguno   de incapacidad funcional temporal o permanente.

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