2 de octubre de 2017 10:59

AMT citó solo a tres choferes por irrespeto de paradas, en el mes de prueba dado por el Alcalde

Agentes de Tránsito y fiscalizadores realizaron el jueves por la mañana un operativo en la av. De los Shyris, en el norte.

Agentes de Tránsito y fiscalizadores realizaron el jueves por la mañana un operativo en la av. De los Shyris, en el norte. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
Redactora (I)

Este viernes 6 de octubre de 2017 se cumple el plazo de 30 días que el alcalde, Mauricio Rodas, aseguró daría a los transportistas urbanos de Quito para mejorar el servicio a pasajeros en sus unidades.

Desde que se iniciaron los operativos reforzados, el 7 de septiembre, al día siguiente del anuncio del Alcalde, hasta el 25 de septiembre, se emitieron 425 sanciones a transportistas, por infracciones que constan en la normativa nacional y en ordenanzas municipales.

Una exigencia de la Alcaldía es el respeto a las paradas. Sin embargo, en 18 días de evaluación la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) registró solo tres citaciones por incumplir esta regla. Este año, la cantidad más baja de sanciones por esa falta llegó a 183 en abril y la más alta a 251 en julio.

Según Francisco Arauz, director de Fiscalización de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT), el enfoque de los operativos que forman parte del plan de optimización del servicio de transporte público se centra principalmente en sancionar correteos (incluye exceso de velocidad), maltrato a los usuarios, imprudencias en las calles o avenidas e irrespeto a paradas.

Operativo en la av. de los  Shirys de la Policía Metropolitana a los buses, por cumplirse el mes de plazo para que se mejore el trato de transportistas a los usuarios. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Según la AMT, durante este período de evaluación la mayoría de citaciones se produjo en los controles de opacidad (128 choferes sancionados) y por exceso de velocidad (120).

Estos operativos están a cargo de 86 funcionarios que trabajan en fiscalización, controles de velocidad y de opacidad. Ellos cuentan con dos radares móviles y tres opacímetros que se activan en distintos puntos de Quito.

Arauz sostiene que se intensificaron los planes de fiscalización preestablecidos y que, a la vez que se sanciona, se solicita a los transportistas trabajar a profundidad en aquellos factores del servicio que involucran un trato directo con la ciudadanía, que son los que le dejan en el usuario una percepción de irrespeto y maltrato.

El Alcalde propuso este plazo con el fin de que los transportistas se comprometieran a mejorar el servicio en aspectos que no involucran una inversión económica. Rodas señaló que si tras la evaluación de 30 días se evidencia un cambio favorable en este sentido, se podría dar paso a una revisión de la tarifa del transporte público. De lo contrario, no.

Según José Santamaría, presidente de la Cámara de Transporte de Pichincha, durante los dos años y cuatro meses en los que el Municipio pagó una compensación mensual se trabajaron todos los aspectos de calidad y seguridad del servicio. El transportista agrega que cada año se hacen dos o tres capacitaciones a todo el personal en temas de atención al usuario. Cuestiona que desde julio no reciben esa compensación.

Arauz dice que al terminar el plazo se procesará la información obtenida y se presentará un informe para que las autoridades tomen decisiones.

Aunque Santamaría acepta que hace falta mejorar, porque no se puede decir que haya un 100% de cumplimiento, dice que paulatinamente han disminuido las fallas en el servicio, que se ha llamado a la concienciación para mejorar.

“Para cumplir con todas las exigencias que el Municipio solicita, necesitamos recursos para cumplir con la normativa. Si bien la educación y el respeto no tienen un precio, tampoco es valorado para establecer un cálculo tarifario”. Según el dirigente, se requiere dinero para operar adecuadamente.

El jueves se realizó uno de los operativos previstos para incrementar el control. A la altura de la Tribuna de los Shyris, los agentes y fiscalizadores revisaron que los conductores tuvieran matrícula, licencia y otros documentos. Supervisaron el labrado de las llantas, que las puertas estuvieran cerradas mientras los buses circulaban y que en la unidad hubiera botiquín y extintor.

Uno de los buses revisados fue el que conducía Bryan Madrid. Él afirma que en Colectrans, la empresa para la que trabaja, han hecho capacitaciones y hasta paseos para conductores y controladores en donde hablan sobre buen trato al usuario. Afirma que también es difícil la relación con los pasajeros que, por ejemplo, reclaman si se baja la velocidad.

Manejar despacio, mantener las puertas cerradas y tener un especial cuidado con personas de la tercera edad, niños o mujeres embarazadas son algunas de las cosas que José Flores, de Águila Dorada, ha aprendido en sus 24 años como conductor de bus. Considera que no todos los transportistas fallan en calidad del servicio, pero que la gente tiene esa percepción por los errores pasados.

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