15 de December de 2009 00:00

Amenaza latente

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Sebastián Hurtado Pérez

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La purga de funcionarios al interior del Banco Central del Ecuador (BCE) la semana pasada demuestra, una vez más, que los ecuatorianos debimos eliminar tiempo atrás una institución que carece de sentido en una economía dolarizada y que, más bien, constituye una amenaza latente al sistema monetario vigente.

Se suponía que con la adopción de la dolarización habíamos alejado la posibilidad de que los gobiernos de turno manipulen la realidad monetaria del país y generen aquellos dramáticos episodios de inflación y devaluación a los que nos tenían acostumbrados.

En la caótica realidad monetaria que concluyó con la desaparición del sucre tuvo un papel preponderante el Banco Central que, a pesar de su tan proclamada ‘independencia’, usualmente estuvo dispuesto a ‘echarle una mano’ a los gobiernos, como también a instituciones privadas. A él acudieron para financiar los recurrentes déficits fiscales y resolver crisis financieras de variada naturaleza.

Hoy, luego de casi 10 años de dolarización y cuando su relevancia e influencia debería ser insignificante, el Banco Central del Ecuador, convertido por la nueva Constitución en una agencia gubernamental, retorna de entre los muertos para manipular nuevamente las tasas de interés y las reservas monetarias de la nación.

La oportuna eliminación del BCE, a la vez que enviaba un mensaje claro sobre el real compromiso del país con el sistema de dolarización, habría limitado la capacidad del actual, o de futuros gobiernos, de incidir negativamente en la realidad monetaria del Ecuador.

A diferencia de lo que ocurría cuando el BCE emitía una moneda nacional, hoy sus acciones no plantean un riesgo inflacionario o devaluatorio, sin embargo, pueden infligir un daño importante a la credibilidad del sistema de dolarización ecuatoriano.

Es importante tener en cuenta que un proceso de desdolarización de la economía ecuatoriana pasa necesariamente por una ‘confiscación’ de las divisas de los ciudadanos por parte del Estado. Por esto no se puede dejar de mirar con preocupación la reciente apropiación gubernamental de parte de las reservas internacionales de divisas del país,  así como otras acciones de ‘manipulación’ monetaria que ha llevado a cabo diligentemente el BCE y que lucen como calculados pasos.

La mera existencia de un Banco Central constituye una amenaza a la posibilidad de que los  ecuatorianos puedan continuar disponiendo libremente de sus dólares. Peor aún si se trata de una institución aparentemente dispuesta a cumplir cualquier demanda del ejecutivo por antitécnica que sea.

Lamentablemente hoy es demasiado tarde para hacer algo,  pues el BCE se ha convertido en importante herramienta para avanzar los objetivos ‘monetarios’ de la revolución ciudadana, cualquiera que estos sean.

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