20 de June de 2015 21:33

Ambulancias triplican su tiempo de traslado por congestión e irrespeto

Ambulancia

El paso del vehículo de socorro por calles de La Mariscal, como la Juan León Mera, Amazonas y Veintimilla, es complicado, en especial fines de semana. Foto: María Isabel Valarezo/EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora (I)
njacome@elcomercio.com
Quito

¿Qué hace usted al escuchar la sirena de una ambulancia? A) Acelera su vehículo. B) Le cede el paso. C) Se adelanta para ayudar y abrirle camino.

La respuesta a esta pregunta, que forma parte del examen para obtener la licencia de conducción, parece obvia, sin embargo, no todos aciertan.

En una ciudad con más de 11 000 vías y 465 000 automotores, conducir un vehículo de emergencia es un desafío. Más aún cuando un retraso de cinco minutos puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En cinco minutos, puede atrofiarse el cerebro de un paciente que no respira; una persona con una herida profunda puede desangrarse; un corazón, dejar de latir.

Basta con acompañar un día a los conductores de ambulancias en Quito para constatar que incluso las personas que saben que al ver un vehículo de socorro, deben orillarse, no lo hacen. No solo hay quienes se ubican en frente e intentan abrirle paso, sino que se colocan en la parte posterior y lo siguen para evadir el tráfico. No faltan quienes responden con insultos, o los que, simplemente, lo ignoran.

Pero, ¿cuán frecuentes son los llamados de auxilio que requieren una ambulancia?

El COE Metropolitano registró, del 1 al 16 de junio, 946 eventos relacionados con accidentes, incendios, explosiones, entre otros sucesos.

Cristian Rivera, director de la entidad, aclaró que son datos sujetos a variación, pero que evidencian que los siniestros de tránsito son los que ameritan, con más frecuencia, presencia de ambulancias.

Según la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT), en los primeros cuatro meses del año, ocurrieron 4 685 accidentes que dejaron 2 625 heridos. Las vías donde más personas resultaron con lesiones fueron la Simón Bolívar, Mariscal Sucre, Maldonado, Panamericana Norte, 6 de Diciembre y Galo Plaza. Allí, las unidades de socorro atendieron a 790 heridos.

Para que una ambulancia llegue a una emergencia se debe cumplir un procedimiento que empieza con una llamada de auxilio. El ECU 911 se contacta con la estación más cercana y el vehículo es despachado.

Cada salida queda registrada. Se detalla hora, distancia, ocupantes... Así, una ambulancia no puede salir a realizar actividades ajenas a emergencias.

Sin embargo, Rivera sostiene que existen abusos por parte de los conductores de algunas unidades privadas que llegan incluso a fingir una urgencia para ganar tiempo, e invaden los carriles exclusivos del transporte público.

Fotomultas, más control

De enero a mayo, se detectaron en Quito 2 587 infractores de vías exclusivas. Entre ellos están vehículos de emergencia.

Robert Melendes, director de atención prehospitalaria de los bomberos admite que antes las ambulancias solían ocupar el carril exclusivo para, por ejemplo, despachar material, pero desde que se habilitaron las fotomultas, en enero, empezaron a ser sancionadas. Hoy, si una ambulancia recibe una notificación y no logra comprobar, en base al registro del ECU911, que estaba en emergencia, es multada.

Tener una cifra exacta del número de ambulancias que hay en la ciudad es complicado porque muchas de ellas operan sin el permiso que otorga el Ministerio de Salud. Hasta antes del 2013, el Cuerpo de Bomberos manejaba el 90% de las atenciones prehospitalarias en el Distrito, con 12 ambulancias.

A partir de ese año, el Ministerio tomó como responsabilidad este tipo de atención, y al momento, la entidad estatal suma 16 vehículos más al servicio de la ciudad. Los bomberos cuentan con 18 y Cruz Roja con cinco. Estas 39 unidades forman parte de la atención médica pública, es decir, son gratuitas. Pero también hay servicio privado.

Al momento, cinco empresas, de las 10 que se dedican a esa actividad, tienen el interés de asociarse. Entre ellas suman unas 20 ambulancias, pero no todos los vehículos cuentan con permiso de operación. “Algunas son ilegales”. Así es como Juan Mora, dueño de Same, lo explica: “Antes bastaba con que una furgoneta tenga una camilla para trabajar, pero desde hace casi 2 años, el Ministerio emitió una resolución para que estos vehículos cumplan ciertos requerimientos”. Por eso, Mora vendió dos de sus ambulancias antiguas y compró nuevas para poder legalizarlas y seguir con su negocio.

Es cuestión de educación

En el video todos se orillan pese a que la vía de cuatro carriles está casi vacía. Ningún auto bloquea el paso de la ambulancia. Eso ocurre en Alemania y YouTube lo muestra. En Quito, ni cuando el conductor usa el altavoz, los carros ceden el paso. Lo afirma Gabriela Coral, paramédico de los bomberos. Esto pese a que la ley establece una multa del 15% del salario mínimo y 4,5 puntos menos a la licencia al conductor que, en esos casos, no se orille. Ni cuando usan el carril exclusivo pueden circular en paz. Hay quienes saltan desde el andén a la vía pese al riesgo de ser atropellados. Eso retrasa la llegada de los paramédicos. Lo ideal sería que la ambulancia tarde 5 minutos. Pero en horas pico, demora hasta el triple y si por mala suerte roza a un auto, llegan las demandas.

Melendes recuerda una ocasión en la que tardaron porque en El Camal, los buses recogían pasajeros y nadie respetó la sirena. Cuando llegó, la víctima resultó ser su prima. Ella murió. “La gente debe pensar que la persona a la que vamos a salvar puede ser su hijo, su esposa, sus padres. Solo entonces sabrán la importancia de orillarse y darnos paso”.

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