26 de febrero de 2017  13:10

Amaguaña brilla en su Carnaval

El Desfile del Corso de Flores y Serpentinas de Balcón a Balcón estuvo conformado por 2 000 participantes. Foto: EL COMERCIO

El Desfile del Corso de Flores y Serpentinas de Balcón a Balcón estuvo conformado por 2 000 participantes. Foto: EL COMERCIO

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Paula Merchan
(I)

Cada año, Amaguaña se engalana para festejar la alegría de su fiesta. Todo estuvo listo para recibir hoy, domingo 26 de febrero del 2017, a más de 70 mil turistas que venían para disfrutar del jolgorio de esta tierra del valle de Los Chillos.

El tradicional Desfile del Corso de Flores y Serpentinas de Balcón a Balcón estuvo conformado por 2 000 participantes, distribuidos en 50 agrupaciones. Desde instituciones educativas y ballets folclóricos, hasta organizaciones barriales y personas de la tercera edad desfilaron por casi dos kilómetros a lo largo de la calle González Suárez.

Todos eran iguales. Como si se conocieran de toda la vida, miles de personas jugaron con espuma, anilina y harina. El agua solo amenazaba con caer en cualquier momento, pero, como el día anterior, San Pedro tuvo misericordia de los mortales que querían disfrutar de la fiesta en que todo está permitido.

Aunque la gente estuvo citada a las 09:00, el desfile empezó a las 10:00. Mientras tanto, los vendedores de espuma de carnaval hicieron sus ‘chauchas’. Aglomerados de los dos lados de la calle, los asistentes empezaron a lanzarse ‘carioca’ unos a otros, como en una guerra campal.

Eso sí, las primeras víctimas fueron las autoridades que abrieron el desfile y su seguridad. Así, policías, políticos, bailarines y los asistentes sabían que no se librarían del ardor de ojos debido a la espuma.

Viviana Páez forma parte del grupo que representa a los barrios de Peguche y San Roque. Cuenta que, junto a sus compañeros y la colaboración de los vecinos, se prepararon dos meses antes de que llegue el día del Carnaval.

“Representamos a la fiesta típica de Amaguaña, a los priostes, a las vacas locas, lo que se da originalmente aquí”, dice mientras baila y es ‘atacada’ con espuma.

Sus pies no se cansan. Parece que baila como si fuera la última vez que lo pudiera hacer. Esa escena es repetitiva, y son los niños, vestidos de ‘wikis’, diablos y chagras los que más se divierten y quienes más zapatean. Sus madres, mientras los ven, se acercan a ellos para enjuagarles la cara y limpiarles la espuma que impiden su visión.

Separados por vallas, los asistentes juegan carnaval entre ellos, pero, si lo logran, también arremeten contra las comparsas. Nadie se salva. Ahí no hay misericordia.

Una de las primeras comparsas fue la de 60 y Piquito del valle de Los Chillos. Su reina, Laura Esperanza Navarrete, caminó despacio, con algo de ayuda, pero con una sonrisa en imborrable. Y dice convencida: “Hay que disfrutar, aunque nos mojen”.

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