20 de January de 2010 00:00

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Manuel Terán

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El triunfo de Sebastián Piñera en Chile tiene profundos significados para la Región.  Se ha producido una elección en la que la mayoría de chilenos han optado por una propuesta de cambio, pero se lo ha hecho enmarcados en las instituciones democráticas y en las reglas de juego vigentes.  A nadie se la ha ocurrido desmontar lo transitado en los últimos veinte años, en los que ese país ha progresado a pasos acelerados en manos de una coalición que entendió que la mejor forma de atender las necesidades de la población era creando riqueza, no destruyéndola.  En lo medular, los gobiernos demócrata cristianos y socialistas que se sucedieron mantuvieron vigente el sistema de pensiones, abrieron su mercado, asumieron retos importantes al firmar numerosos tratados comerciales.  Todo ello les funcionó.  Chile es un modelo de excepción en el barrio latinoamericano y, a diferencia de otros países en los que mucho se habla de cambio y transformación pero que el deterioro de sus economías es cada vez más evidente, se lo ha realizado sin mayores sobresaltos, apuntalando la institucionalidad y respetando las opiniones discrepantes.

La Presidenta saliente ha dado muestras de que los intereses del país están por encima de las diferencias personales, cuando ha dado los primeros pasos para una transición ordenada.  No cabe esperar muchos cambios.  Lo que quizás se aguarda es que exista una mejora en la gestión.  A diferencia de aquellos que viven en el pasado y que miraban con sospecha el acceso al poder del ganador, el momento es valioso para todos los que consideran que es posible avanzar en democracia, con planteamientos renovados que den impulso a las economías, que buscan la forma de crear más ingresos y empleos para mejorar la calidad de vida de los habitantes y mantener políticas de apoyo a los  pobres, hasta que puedan incorporarse directamente a los beneficios que brindan las sociedades libres y abiertas.

Chile, más que ningún otro país de la región, está en posibilidad de lograr que su población goce de los mayores estándares de vida que se puedan obtener por estos lugares, si es que acaso no la ha conseguido ya.  Difícilmente hubiera logrado esos niveles si se hubiesen aplicado las políticas que son comunes en otros países del área que han sufrido claros retrocesos.  Pese a las divergencias  han aprendido a solucionar los conflictos dentro de los cánones institucionales, lo que ha servido para que el país progrese en un ambiente en que los sobresaltos son mínimos o de excepción.

Piñera tiene un reto fundamental.  Demostrar que existen opciones que permiten avanzar con mayor rapidez en la búsqueda del bienestar de las mayorías, sin  quebrar el marco institucional.  El éxito de su propuesta será evidenciar que el sistema democrático brinda las condiciones para el progreso de los ciudadanos.  Habrá que permanecer atentos.

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