7 de November de 2009 00:00

Alice Fisher dijo…

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Milton Luna Tamayo

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Quito se aprestaba a vivir uno de los días más importantes del año. Corría 1901. Eran los inicios del siglo XX. Había esperanza, espíritu de revolución y cambio.

Eloy Alfaro, presidente de la República, daba los últimos toques a su discurso. Ese 14 de febrero se iba a inaugurar el primer instituto de formación de maestras del Ecuador:  “Siento en estos momentos la más grata satisfacción al contemplar realizado uno de los mejores y halagadores anhelos de mi Gobierno”, dijo  después el Viejo Luchador en la ceremonia de fundación del Normal de Señoritas Manuela Cañizares.

En ese mismo evento, la directora del novísimo establecimiento, Alice H. Fisher, exponía los objetivos de su institución: dibujó el perfil de la docente que saldría de sus aulas. Una profesora lista para enfrentar las  demandas de un mundo en frenético cambio y de un país que quería constituirse en el camino de la modernidad, las libertades y el progreso.

Por tanto, los nuevos docentes del Ecuador debían tener:  una “Erudición adecuada… conocimientos amplios sobre las materias que ha de enseñar, porque así podría asegurarse la confianza del alumno… Conocimiento no solo profundo sino recientemente refrescado…  aptitud para enseñar y gobernar…  amor hacia los alumnos. Este poder del corazón es la mayor potencia que se puede emplear en la educación… debe ser escrupulosamente extendida a los alumnos que más lo necesitan… carácter y vida moral… La enseñanza de la juventud mucho más depende de lo que es el preceptor, que de lo que dice… conocimiento de los métodos más probados… comprensión cabal de la vida de la niñez…”.

En  2009, en este nuevo momento de revolución y cambio, ¿sabemos el tipo de profesor que necesitamos? ¿Disponemos de un perfil para enfrentar la sociedad del conocimiento y diversa, y una forma de vida veloz y depredadora del planeta? No, todavía. 

El tema docente es fundamental para  el cambio educativo. La elaboración de la nueva Ley de Educación es una buena oportunidad para debatir ampliando el estrecho marco Ministerio-gremio. La sociedad debe apropiarse del tema, como un paso indispensable para la revalorización social y económica de esta profesión valiosa y tan venida a menos en los últimos años y semanas.

El debate del tipo de maestro que requiere el presente y el futuro nacional está por darse. Cabe nutrirse de la historia, sobre todo la del normalismo y sus colegios emblemáticos: Juan Montalvo, Manuela Cañizares, Rita Lecumberri, Uyumbicho y otros. Informarse de lo mejor de la experiencia internacional y exigir al país construya su proyecto nacional, sin el cual no habrá proyecto educativo que dé sentido a la política docente. Mientras tanto, aprendamos del sabio y vigente discurso de la profesora Fisher.

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