5 de July de 2009 00:00

¡Que alguien me despeirte, no me puedo mover!

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Por  CRISTINA ARBOLEDA

Un ruido ensordecedor me atormentaba y luces multicolores se filtraban a través de las ventanas, cuando percibí una presencia. A mi derecha, se erigía una silueta gris que estiró su  brazo y posó su mano en la parte superior de mi abdomen. Pensé con terror que aquel era un extraterrestre y que me llevaría a su nave.



TeNGA EN CUeNTA
El dios  Pan   estaba relacionado con la pesadilla. De su nombre  viene la palabra ‘pánico’, ya que espantaba al presentarse intempestivamente. Arriba, ‘Pan y Psique ‘ la obra plástica de Edward Burne-Jones.
La parálisis del sueño es un fenómeno común y se presenta  sobre todo durante la juventud.  

Intenté hablar pero me era imposible, quise moverme y apenas pude agarrar el brazo del monstruo de mi pesadilla. Era tan vívida la sensación de su piel áspera y la  presión  que ocasionaba en  mi cuerpo me asfixiaba. De nuevo traté de pedir auxilio, pero estaba paralizada. Por fin desperté y el cuarto volvió a la normalidad. Para mi sorpresa, este fenómeno es más común de lo que imaginaba y hasta tiene un nombre: parálisis del sueño.

El neurólogo Diego Tapia Villagómez, especialista en trastornos del sueño, explica que las personas deben completar cinco etapas del sueño y, en las tres últimas,  la persona está “paralizada muscularmente, pero debe entenderse como una parálisis entre comillas porque los músculos están totalmente relajados y no tiene nada de patológico”.

Por su parte, el analista y presidente de la Fundación Carl Gustav Jung del Ecuador, Vladimir Serrano, afirma que  al dormir la persona primero experimenta  “una entrada al sueño que se llama el estado hipnagógico donde todavía puede sentir percepciones externas.

Luego viene la llamada etapa del sueño profundo, que no tiene imágenes, y después comienza la fase  REM (‘rapid eyes movement’ o movimiento ocular rápido), que es cuando estamos en presencia de una imaginación sumamente desarrollada y un papel  débil del ego del sueño, es decir, de nuestra voluntad”. Serrano explica que  en esta etapa,  las imágenes del sueño son muy vívidas y  “ahí es cuando se podría sentir lo onírico en el cuerpo”.



Las pesadillas son comunes en la infancia, pero podrían presentarse  en la adultez. A veces pueden acompañarse de otros trastornos como la parálisis del sueño.Asimismo, el analista jungiano recuerda que el origen del término ‘pesadilla’ viene de ‘peso’, porque justamente se refería a la visión de un monstruo sentado sobre el pecho, como representa el pintor Johann Füssli en su obra ‘The Nightmare’  (‘La pesadilla’), y, por lo tanto, el sentimiento es altamente angustioso.

Esta sensación de terror puede “producir paralizaciones dentro del  sueño o bien la persona se despierta paralizada”, afirma Serrano y concluye: “Pensaría que  se debe al hecho de que las imágenes causan sentimientos,  que terminan inmovilizando al cuerpo con la secreción de adrenalina”.

De acuerdo con la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño, la parálisis del sueño “consiste en una incapacidad para hablar y realizar cualquier movimiento voluntario (...), debido a una pérdida completa del tono muscular. Los episodios suelen suceder al inicio de las fases de sueño REM o en la transición sueño-vigilia. (...) El sujeto puede experimentar intensa sensación de ansiedad, y puede también tener alucinaciones”.

Quizás no sea un demonio…

“Veía el cuarto a oscuras y a mi lado estaba parado un demonio que me hacía caras y se me acercaba. No podía moverme ni hablar,  pero, haciendo mucho esfuerzo, pude lanzar un trompón y la imagen se desvaneció y  pude moverme”, cuenta Sebastián Sacoto.

Las pesadillas son consideradas también un trastorno del sueño y están dentro de las llamadas parasomnias, y, como lo explica el neurólogo Diego Tapia, es posible que no vengan solas sino que con ellas se presente también  una crisis hipnagógica, es decir,  la parálisis del sueño, como le sucedió a Sebastián.

Asimismo, la parálisis puede estar acompañada de alucinaciones, auditivas, visuales o táctiles. De esta manera, hay que evitar dejarse llevar por el miedo y tratar de pensar que  lo que acabamos de ver no era en realidad un demonio, ni un fantasma ni un extraterrestre, sino una imagen onírica.

Sin embargo, las tradiciones de los pueblos de las más diversas latitudes dan cuenta de cómo el ser humano ha intentado explicarse estas  experiencias. Por ejemplo,  en la tradición sajona la parálisis del sueño se conoció  como “la vieja bruja” (‘Old Hag’) y se pensaba que una hechicera se subía sobre la persona.

Asimismo, Vladimir Serrano explica que el ‘íncubo’ en la Edad Media estaba relacionado con un demonio que atacaba a las mujeres. En México se conoce a la  sensación de estar paralizado  con la expresión “se me subió el muerto”. 

Las referencias a las crisis hipnagógicas en el folclor de los pueblos es innumerable, pero ¿por qué se dan? Serrano afirma que se  han tratado de explicar estas sensaciones a través del pensamiento mítico mágico, hasta que se llega a la ciencia  objetivista, sobre todo a  partir del siglo XVII, que procurará ver todos los fenómenos como resultados del quehacer cerebral.

Con el aparecimiento de la psicología del inconsciente, reaparece la función del sueño y el primero en escribir sobre esto es Sigmund Freud. Por su parte, la psicología jungiana  atribuye los sueños a los arquetipos, es decir, imágenes primordiales que se hallan en el propio inconsciente. “Por  tanto, no serían ocasionados por seres externos, sino a lo que ocurre en la misma psique”, dice.

En definitiva, el neurólogo subraya que las crisis hipnagógicas no son peligrosas. En el caso de que se produzcan con excesiva frecuencia (más de 10 veces en la noche) habría que prestarles atención, aún más si se presentan con otros síntomas, porque podría tratarse de una patología grave como la narcolepsia, que es  poco común.

Sin embargo, estos trastornos pueden tratarse, ya sea desde la medicina tradicional  u homeopática o desde la psicología, “en el proceso terapéutico, el trabajo principal es con el sentimiento de miedo, que se debe atender primariamente”, recomienda Serrano.

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