31 de mayo de 2016 00:00

En los albergues oficiales se sirve más que arroz con atún

El chef voluntario, Joe Urriola, es el encargado de preparar los menús para los más de 1 000 albergados. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

El chef voluntario, Joe Urriola, es el encargado de preparar los menús para los más de 1 000 albergados. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Andrea Medina

Diez pollos, más de cinco kilos de arroz, una olla de sopa y vegetales cocinados. Este es el menú de un almuerzo que un chef del campamento de Portoviejo les prepara a más de 1 000 personas que residen allí, tras el terremoto del 16 de abril pasado. Se basa en una receta entregada por el Ministerio de Salud Pública. Las manos de ocho personas ayudan a cortar, mezclar y servir.

Desde hace más de un mes que están ahí, no les hace falta comida aunque en ocasiones abundan más carbohidratos que frutas o proteínas. Si algún alimento no está en la despensa se pide y se consigue al otro día, cuenta Nuri Choez, una de las representantes del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) que está pendiente, entre otras cosas, de la alimentación en el campamento del exaeropuerto Reales Tamarindos en Portoviejo.

Al inicio, dice, sí comían más enlatados y arroz que venía como donación, pero hoy se procura que la comida sea alternada. “Pasando un día damos sopa, como ayer que era de carne y macarrón”. El pasado miércoles, por ejemplo, se iba a repartir sopa, pero solo a los niños, personas de la tercera edad y a quienes padecen diabetes. “Ellos nos recomiendan que hagamos algo o lo combinemos, pero siempre de acuerdo con lo que tenemos”.

Este cuidado en la alimentación de los albergados es constantemente analizado por personal de Salud Pública, la cual afirmó haber registrado solo un caso de desnutrición en un menor de edad.

Según Raisa Morejón, supervisora del Ministerio de Salud Pública, este inconveniente no se registró por una mala alimentación en el albergue. Se trataba de un niño que ya presentaba problemas nutricionales, que se agravaron luego del sismo. “El caso ya fue derivado a pediatría y está recibiendo atención. De los demás niños, un 50% tiene peso normal y otros registran bajo peso, pero también están recibiendo suplementos”.
Morejón explica que la alimentación al inicio consistía más de granos y carbohidratos. “En la cocina no había una alimentación diferenciada. Se dieron las recomendaciones para que, por ejemplo, no se hicieran dietas muy hipercalóricas. Ahora ya ha cambiado”. Para dar seguimiento a cada caso, sobre todo a los niños, se llenan fichas con su peso, nivel de masa corporal y datos básicos del menor.

Choez agrega que la entrega de alimentos perecibles como las carnes y lácteos la asume el MIES, que dota de esta comida casi a diario o varias veces en la semana. Para guardarla también se agregaron refrigeradoras en el sitio de la cocina. Hay cuatro, una para cada tipo de comida (pollo, carne, pescado y vegetales).

Esta diferenciación en los menús no es tan visible en el campamento Los Esteros 1, donde se albergan más a personas de Manta. Allí, aunque también se procura dar una alimentación balanceada, todos consumen lo mismo, incluido personal militar y ayudantes de entidades públicas.

A la hora de la merienda, cerca de las 19:00, un solo platillo de arroz blanco, pollo al jugo y maduro se sirve a los más de 300 albergados, entre niños y adultos mayores. El menú se complementa con agua de manzanilla y se sirve en vajilla de plástico que es de uso personal de cada familia. Y aunque no ha generado mayores problemas de salud, Karina López, quien está ahí con sus dos hijos, dice que no se acostumbra a la comida. “A veces sí me duele el estómago”, dice.

Aracely Villavicencio, coordinadora del MIES de este campamento, asegura que para la alimentación también hay recomendaciones, sobre todo para los más pequeños. No se registran casos graves por alimentos en mal estado. “Si a algunos les hace daño es por lo que comen afuera”.

Para la nutrióloga Grace Reyes es importante que la alimentación, sobre todo en los niños, sea la recomendaba porque de lo contrario pueden tener problemas de crecimiento. “Si estamos comiendo solo arroz y papas, por ejemplo, los niños no están recibiendo vitaminas, calcio, o hierro adecuado para evitar una anemia”.

En los adultos, explica, hay menos riesgo de presentar cuadros de mala alimentación en un corto tiempo. “Luego, si van a empezar a tener problemas como caída de cabello, las encías se van empezar a romper y las uñas igual porque hay falta de vitaminas. Son cosas que se verán a largo plazo”.

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