11 de December de 2009 00:00

Akin cruza realidades en medio de Turquía y Alemania

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Pablo Fiallos.  Redactor
cine@elcomercio.com

Si en la versión bíblica Abraham está dispuesto a sacrificar a su propio hijo, Isaac, para demostrar obediencia a Dios, lo mismo sucede en la musulmana, en la que el profeta Ibrahim debe sacrificar a su hijo Ismael.
 
En su cinta ‘Al otro lado’, el cineasta  alemán de ascendencia turca, Fatih Akin, reflexiona alrededor de esta parábola y pone en palabras de uno de sus protagonistas su punto de vista: “Yo me pondría en contra de Dios por defender a mi hijo”.

Esta afirmación es el núcleo de donde parten tres historias que cuentan los nexos y  desencuentros en la relación padre e hijo. A partir de tres situaciones con un conflicto paternal Akin narra un drama que evidencia un tenaz humanismo. Y lo hace en medio de un contexto que salta de las callejuelas de Estambul a las grandes avenidas de Bremen.

En su filme, Akin cruza las historias. Por medio del azar hace que los protagonistas se relacionen, aunque algunos de ellos nunca se lleguen realmente a encontrar.  Así, el cineasta muestra una incesante mezcla de los dos espacios y de las dos culturas: la alemana y la turca, presentando a su gente, a su cultura, sus influencias y  diferencias.

La inmigración y el mestizaje son los patrones que marcan el contexto de estas tres historias. El director junta a un anciano jubilado, a una prostituta, una activista y a un profesor, todos turcos, con una madre y su hija, de la clase media alemana, en medio de los conflictos políticos y sociales de un país.

Como si se tratara de armar un rompecabezas, el director salta constantemente entre los espacios y los relatos. Las historias funcionan independientemente, aunque todas traten en general sobre la  condición humana.

El director cambia el hilo narrativo de un personaje a otro, con sutil habilidad, haciendo que el rumbo de la historia gire, como gira el sentido de las relaciones de los personajes. Manteniendo la atención, el director logra conectar las historias, sin la necesidad de utilizar  ningún accesorio extranarrativo.  Akin utiliza paneos lentos y suaves y la cámara rodea constantemente a los protagonistas.

Con muy buenos diálogos, que sugieren  más de lo que dicen,  Akin se centra en una problemática social especifica para retratar al individuo, más allá de la nacionalidad. Un cine profundo sobre la identidad y la individualidad, narrada a través de un relato universal y emotivo. La cinta se ocupa del amor filial, de la relación en la cual  más allá de los  errores y los desacuerdos    siempre prevalece el amor.

Akin narra un relato  de padres e hijos perdidos, desconectados. Para hacerlo se aleja de lo anecdótico y lo hace a través de un filme descriptivo, íntimo y profundo. Hace un relato sobre la búsqueda de libertad y justicia para  obtener   finalmente la paz.

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