6 de enero de 2018 00:00

Los aguajes máximos ocurren cada 20 años en el país

En el puerto de Santa Rosa el lecho marino quedó ayer al descubierto con la bajamar: el mar retrocedió 200 metros. Foto: Enrique Pesantse / EL COMERCIO

En el puerto de Santa Rosa el lecho marino quedó ayer al descubierto con la bajamar: el mar retrocedió 200 metros. Foto: Enrique Pesantse / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

Pedro del Pezo alzó los pies y se acomodó en su fibra como si fuese un sofá. Su lancha, Felipito IV, quedó varada en la arena junto al malecón de Santa Rosa, el puerto pesquero de Salinas (Santa Elena), donde el efecto de la bajamar fue más drástico.

Para un extraño resulta sorprendente ver parte del lecho marino, con sus capas de algas verdes y rojizas en seco, rocas puntiagudas, cabos y anclas a la vista, y moluscos al descubierto en pequeñas lagunas de agua salada. “Pero para los que somos del mar no nos asusta. Cuando el aguaje es bien bravo, todo esto se seca”, dijo el canoero de 83 años.

El mar retrocedió unos 200 metros el viernes, 5 de enero del 2018, en el último día del aguaje que comenzó el martes. Durante tres días Santa Rosa y otras zonas del perfil costero tuvieron una playa más amplia a lo usual. Los niveles más bajos se acentuaron al mediodía y a la medianoche.

Edwin Pinto, director de Oceanografía Naval del Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar), explica que los aguajes son cíclicos y ocurren cada 14 días, aproximadamente. Se producen por la atracción gravitacional que ejercen el sol y la luna sobre el planeta.

Al comenzar el año hubo luna llena. Además estuvo más cerca de la Tierra (perigeo). El sol también se acercó un poco más (perihelio). Esto causó un aguaje máximo, con pleamares que causa que el mar ascienda más de lo normal y bajamares, que descienda por debajo de lo normal.

Las bajas temperaturas en el océano Pacífico y los vientos del oeste aportaron a que el recogimiento fuera aún mayor.

Los pobladores más antiguos de Santa Rosa, como Pedro del Pezo, aseguran que estos eventos ocurren cada 20 años, en promedio.

Pinto explica que, para que se produzca una alineación similar a la de ahora, entre el sol, la luna y la Tierra, pasarán unos 19 años.

Víctor Balón tiene 70 años y cuenta que han visto algunas ‘secas’ desde que era un niño. “Los que no saben de esto se asustaron, porque pensaron que venía un tsunami como el que llegó de Japón (en el 2011), que dañó muchas embarcaciones. Pero no es nada de eso. Es solo que el mar es un ser viviente y hay que respetarlo”.

El Inocar descartó que este descenso del mar fuera una señal de tsunami y aclaró que el retroceso se dio en todo el litoral, pero fue más evidente en Santa Rosa y Bahía de Caráquez (Manabí), porque sus playas tienen una pendiente poco pronunciada.

El Inocar anunció que los próximos aguajes serán en 14 días y a inicios de febrero, aunque no tendrán el mismo efecto. A lo largo del 2018 ocurrirán 10 aguajes máximos.

Una vez que culmine el aguaje, las condiciones del nivel del mar volverán a la normalidad. Inocar pidió a la población que siempre busque las fuentes oficiales para tener información sobre estos fenómenos.

La actividad pesquera no se paralizó en Santa Rosa, desde donde zarpan unas 200 embarcaciones a diario.

En ‘el hueco’, el sitio donde arriba la carga, los comerciantes ofrecían dorado, botellitas, hasta centollas. “Todo está normal, el aguaje no ha afectado la pesca”, dijo Víctor Pibaque, mientras esperaba vender dos gabetas de pescado en USD 30 cada una.

Pero para los ‘taxis acuáticos’, como el de Pedro del Pezo, el negocio bajó como el mar. Usualmente ganan USD 15 por fletes; en estos días no pasaron de USD 3. “No queda más que esperar que el mar llegue otra vez”.

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