22 de enero de 2016 00:00

Pocos agresores acuden a rehabilitación

Juan acabó su rehabilitación en diciembre. En 17 años le pegó a su  esposa dos veces. Foto: Diego Pallero/ El Comercio

Juan acabó su rehabilitación en diciembre. En 17 años le pegó a su esposa dos veces. Foto: Diego Pallero/ El Comercio

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Fernando Medina

El miércoles estaba en su taller de lubricantes. Dice llamarse Juan y sentado a un pequeño cuarto, con el escritorio empolvado, contó cómo llegó a un centro de tratamiento para agresores.

Allí estuvo en septiembre del año pasado luego de que una jueza ordenara asistir. Todo comenzó porque golpeó a su exmujer. Con ella llevaba casados 17 años y en ese tiempo la agredió dos veces. “La verdad sí le pegué, pero porque ella estaba con otra persona”, recuerda.

Pero después de la agresión ella lo denunció y una jueza de Familia ordenó que debe rehabilitarse. De hecho, son estos juristas quienes ordenan a una persona para que se someta a una terapia de ayuda. Eso lo dice el Manual de gestión judicial de violencia contra la mujer y familia del Consejo.

¿Qué hacer con los agresores? ¿Cómo frenar este problema? Uno de los intentos para combatir la violencia en la familia comenzó el 10 de agosto del 2014. Ese día entró en vigencia la nueva ley penal.

Desde esa fecha, la violencia dentro de casa dejó de ser una infracción castigada con multas económicas de hasta 15 salarios básicos o trabajo comunitario y pasó a ser delito.

Pero ahora hay una propuesta que ya está en la Asamblea para que se vuelva a reformar el COIP y que las agresiones intrafamiliares sean considerada nuevamente contravenciones. Se busca agilitar los procesos para las sanciones y que estas lleguen a por lo menos 90 días de detención.

Desde agosto del 2014 hasta finales del 2015, la Fiscalía ha receptado 70 237 denuncias por agresiones sexuales, psicológicas y físicas en el país.

En Quito, el Municipio creó un programa de rehabilitación para los agresores. Este funciona en el Centro de Apoyo Integral Tres Manuelas.

Desde hace dos años 170 hombres que en alguna ocasión golpearon a sus parejas han recibido terapia psicológica, asesoramiento legal y ayuda de trabajadores sociales.

Pero en el 2015, en Pichincha hubo 15 684 quejas.
Juan asistió a 18 sesiones en cuatro meses. Allí dice que aprendió a controlar su ira.

Lo hizo en compañía de 19 hombres más que también agredieron a sus parejas. Ellos recibieron terapias en las que abordaron temas como la familia, la protección de los niños, reconocimiento de la masculinidad, estereotipos, características de una mujer, valores y autoestima.

María Pérez es terapeuta y la encargada del programa de rehabilitación. Ella dice que al principio los hombres se niegan a hablar y a hacer las actividades, pero con el pasar del tiempo se acoplan y terminan entendiendo el proceso.

Sin embargo, reconoce que cuatro meses es muy poco tiempo para restablecer la conducta de un agresor, porque son vulnerables a reincidir. Además, el 10% de las personas que comienza este proceso no lo termina.

De allí que el psicólogo Ernesto Beltrán dice que los procesos de ayuda deben ser de por lo menos seis meses. “Hay que identificar a los agresores que necesitan incluso ayuda de los médicos”.

Eso busca ahora Elena. A ella también le pegó su exesposo. Ella tiene 37 años y vive en Puembo, un poblado en el oriente de Quito. El martes le relató a este Diario que en diciembre él llegó a su casa y cuando abrió la puerta le dio un golpe en la cara. Cayó al piso y la golpeó más. Desde entonces huyó y no ha vuelto.

Mientras estaba en el piso solo recuerda que le gritaba y que le decía que hacía eso porque lo había denunciado.

La queja la presentó porque antes de diciembre también la había agredido en enero, marzo y julio del año anterior.

Luego de la denuncia, los policías lo detuvieron y pasó detenido un mes, pues Elena tenía una boleta de auxilio.

Ese documento sirve para que el agresor no pueda acercarse a la víctima. En el 2014, esa boleta recibieron 1991 mujeres agredidas en el país. Pero en el 2015 fueron 5 758.

El miércoles Sofía llegó a la Junta de Protección y denunció a la persona que le pegó: su conviviente. Al inicio no quiere hablar. Le duele la nariz fracturada por las patadas. Pero mientras camina dice algo: “también me dio puñetes”. No habla más, pero su madre dice que después de ser golpeada se fueron al centro de salud y que allí le enyesaron la nariz.

Solo alcanzaron a decir eso y se fueron a la Fiscalía para denunciar a su pareja por violencia intrafamiliar. En la Junta de Protección las mujeres entran y salen. Todas reciben ayuda para defenderse legalmente o para que los agresores no se acerquen o salgan de la casa.

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