21 de noviembre de 2015 17:52

Agradecimientos y nostalgia en la última misa de Monseñor Arregui en Guayaquil

El Monseñor Antonio Arregui ofició su última misa como Arzobispo de Guayaquil, este 21 de noviembre de 2015. Foto: El Comercio

El Monseñor Antonio Arregui ofició su última misa como Arzobispo de Guayaquil, este 21 de noviembre de 2015. Foto: El Comercio

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Evelyn Tapia

La Catedral de Guayaquil que lo acogió hace 13 años como Arzobispo de la ciudad estaba repleta de fieles católicos. “Gracias, Monseñor Arregui”, se leía en la mayoría de carteles que los feligreses llevaron a la última misa de Antonio Arregui como monseñor, que se celebró la mañana de este sábado 21 de noviembre del 2015.

El cartel de gratitud que Esperanza Villao sostenía en la eucaristía llevaba impresa la bandera de Santa Elena. Ella y un grupo de unos 20 feligreses de esa provincia viajaron a Guayaquil a las 06:00 para presenciar la celebración en la que se realizaron ordenaciones sacerdotales y diaconales y en la que Arregui se despidió de su cargo frente al arzobispado.

“Estamos tristes porque ya no va a estar Monseñor Arregui, lo queremos mucho y estamos muy agradecidos por toda su labor, de todas maneras vamos a colaborar con el nuevo monseñor”, contó Villao.

Ese fue uno de los pedidos del Arzobispo a la congregación. Luego de casi tres horas de celebración religiosa, Arregui recordó que mientras ordenó diáconos y presbíteros en la misa, les había preguntado a estos: “¿Prometen obediencia y respeto a mí y a mis sucesores?”.

“En este caso el contrato conmigo ya termina y sigue con los sucesores”, dijo y la congregación soltó risas y aplausos.

“Hay que continuar colaborando con mi sucesor que ya mismo llega, así como conmigo. Estoy seguro que acogerán con brazos abiertos a monseñor Luis Cabrera”, fue su pedido.

Eran las 13:00 y enseguida se dispuso a abandonar la Catedral, mientras los fieles, con celulares y manos levantadas hacia él, se despedían y registraban en imágenes la última misa de Arregui, como Arzobispo de Guayaquil.

El 5 de diciembre próximo, Arregui será reemplazado por monseñor Luis Cabrera, actual arzobispo de Cuenca.

Lo que deja Arregui en el camino andado, luego de 13 años en el cargo, lo trataron de resumir en discursos de menos de diez minutos quienes tuvieron un espacio luego de la misa en la Catedral: su gestión para que el Papa Francisco visite Guayaquil y para la canonización de Santa Narcisa de Jesús, la creación del Banco de Alimentos Diakonía, su coordinación para que las parroquias de entre 10 000 y 13 000 fieles tengan por lo menos un sacerdote.

La Empresa Pública de Turismo del Municipio de Guayaquil organizó un homenaje de despedida para el Monseñor. Foto: Ecuador

La Empresa Pública de Turismo del Municipio de Guayaquil organizó un homenaje de despedida para el Monseñor. Foto: Ecuador

Héctor Yépez, del Consejo Ecuatoriano de Laicos Católicos reseñó algunas de las gestiones de Arregui y transmitió el sentir de la congregación. “Estamos tristes. Desde hoy vivimos la nostalgia de no tenerlo como obispo”, dijo y finalizó su discurso agradeciendo al Arzobispo “por ser un embajador de Dios”.

Cuando monseñor Iván Minda, arzobispo Auxiliar de Guayaquil subió al púlpito, destacó la vocación de servicio y enseñanza de Arregui en medio de tiempos difíciles, “que no han sido pocos, como todos sabemos, los que ha tenido que enfrentar”, mencionó.

Mientras Monseñor dejaba la Catedral en medio de los abrazos de feligreses, el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot y la vicealcaldesa, Doménica Tabaqui, se acercaron para saludarlo y acompañarlo en una calle de honor que la Empresa Pública de Turismo del Municipio organizó junto con una verbena para hacerle un homenaje de despedida.

Gloria Gallardo, presidenta de la Empresa Pública de Turismo, dio apertura con un discurso en el que mencionó que Monseñor Arregui “es un guayaquileño madera de guerrero que la ciudad necesita” y que por lo tanto “no se va, se queda en nuestros corazones”.

La respuesta del sacerdote, que sonreía ante cada muestra de cariño, fue un “gracias”.

“Este momento adquiere un tono de cambio, una fase de renovación de la arquidiócesis que debemos mirar con ojos de fe. Cada uno de nosotros tiene un lapso en la vida en el que tiene que responder a la llamada de Dios. Esta ciudad tiene su personalidad, Dios tiene un destino para ella. El destino de Guayaquil lo hacemos entre todos…Queremos para Guayaquil un destino digno”, dijo.

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