8 de julio de 2016 00:00

Agentes de tránsito son vulnerables en las vías

Byron Ponce, de 28 años, pertenece al grupo de motorizados y apoya en operativos de control. Foto Galo Paguay / EL COMERCIO

Byron Ponce, de 28 años, pertenece al grupo de motorizados y apoya en operativos de control. Foto Galo Paguay / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
njacome@elcomercio.com

Pasan sus ocho horas diarias de trabajo de pie, en la calle, sin un baño cerca, sin un techo donde escampar la lluvia o aplacar el sol del mediodía.

Lejos de las comodidades de una oficina que les permitiría tomar un vaso con agua o un café, los 2 013 agentes metropolitanos de tránsito son los encargados de mantener el orden en las vías de la capital y de sancionar a los conductores que cometen infracciones; esto los vuelve un blanco fácil de accidentes, de insultos e incluso de agresiones físicas.

La vulnerabilidad de los agentes se ve reflejada en el número de accidentes laborales. El año pasado ocurrieron 120 incidentes.

Incluso dos fiscalizadores murieron en el cumplimiento de su deber. Este año esa cifra ha disminuido en un 50% comparada con el mismo período del 2015, según las estadísticas de la entidad.
Hasta el momento se han registrado 40 accidentes laborales: 23 fueron de tránsito, lo que incluye caídas en moto o malas maniobras; 12 fueron atropellados y dos sufrieron caídas. Además, tres agentes resultaron heridos luego de ser víctimas de agresiones físicas por parte de conductores molestos por las sanciones.

Fausto Miranda, supervisor de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT), comenta que son pocas las personas que luego de recibir una boleta, de perder puntos en su licencia y de ser multados reaccionan de manera tranquila.

Algunos, luego de excusarse ineficazmente, recurren a los insultos y unos pocos a los golpes. En esos casos se debe llamar a la Policía Nacional para detenerlos.

Byron Ponce, de 28 años, agente de tránsito desde hace cinco, da fe de la complejidad de su trabajo. Él pertenece al escuadrón motorizado y en dos ocasiones ha sufrido accidentes. La primera vez fue cerca al redondel de la Alpachaca. Por evitar atropellar a un peatón que se cruzó en rojo cayó, rodó unos 12 metros y acabó en la cuneta. Fue hospitalizado y permaneció en recuperación por un mes. La segunda ocasión fue en la 6 de Diciembre. Él abría paso a una caravana y un carro se le cerró a él y a un compañero. Ambos cayeron y otra vez fue al hospital.

Para ser agente de tránsito, los aspirantes son sometidos a exámenes físicos y psicológicos . Tras un proceso de preparación que dura ocho meses forman parte de la entidad. Entonces son distribuidos en distintas actividades como seguridad vial, control de velocidad, inspección a buses que salen de las terminales terrestres, control de alcoholemia, control de documentos, etc.

Al momento, 1 300 agentes son pedestres y 700 pertenecen al grupo de motorizados.

Ponce asegura que además de los insultos, golpes y amenazas, los agentes a diario intentan ser coimados y son amenazados. “He escuchado desde el típico ‘le doy para las colitas’, hasta ‘si me das la infracción chao a tu trabajo’”.

Recuerda que las veces que ha tenido que sancionar a miembros de la Policía Nacional, de los ministerios o del Municipio, las amenazas han sido de grueso calibre.

Meses atrás circularon por redes sociales videos de agentes que actuaron de manera indebida. De allí la importancia del control que realiza la agencia. El año pasado se abrió el departamento de Asuntos Internos. La gente que se siente perjudicada por un agente puede acercarse a la oficina de la AMT y denunciarlo.

Las denuncias son procesadas, se investiga el caso y se abren expedientes administrativos. El 2015 se abrieron 478 expedientes y en lo que va del año se han registrado 359.

Las sanciones van desde un llamado de atención, multas económicas que pueden alcanzar el 30% del salario, suspensión de hasta 30 días y la destitución. Desde el 2015, cinco miembros han sido separados de la institución por cometer faltas graves.
La mayoría de las quejas de la ciudadanía tiene que ver con haber incumplido el procedimiento, es decir, una infracción injusta, una mala actitud. Para Miranda, el control es fundamental, pero más aún lo es la capacitación.

Diariamente, los agentes reciben charlas y recomendaciones sobre la responsabilidad de usar el uniforme. Saben que los ojos de la ciudadanía están puestos sobre ellos.

Para Miranda, a pesar de las dificultades, el trabajo y esfuerzo de los agentes ve frutos al analizar las cifras de mortalidad en las vías. El número de personas que perdió la vida en accidentes de tránsito bajó un 30% al comparar las cifras del 2015 con las del 2014.
Ponce coincide con aquello: “Sé que si sanciono a una persona que manejaba mientras hablaba, estoy salvando una vida. Eso compensa el haber escuchado tanto insulto y el haberme asoleado. Eso me hace llegar a casa satisfecho”.

Para Alfredo Viteri, experto en movilidad, la función de los agentes es clave y debe ir enfocada más que a la sanción, a la prevención y a la capacitación. “Debemos cumplir nuestra parte: si respetamos señales y no cometemos faltas, la movilidad mejorará”.

En contexto

El 11 de noviembre del 2013, el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito asumió plenamente la competencia del control operativo del tránsito en la capital. Inició con 1 240 agentes civiles, servidores de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT).

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