Dos agendas se arman desde el Poder Ejecutivo

Jorge Glas y Rafael Correa no coinciden en sus agendas en actos públicos. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
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Adriana Noboa A.  Redactora 

politica@elcomercio.com (I)

En el segundo año de su Vicepresidencia, el perfil de Glas ha disminuido. Los encuentros se dan en los cambios de guardia de los lunes en Carondelet. Presidente y Vicepresidente levantan juntos las manos y saludan a la ciudadanía desde el balcón del Palacio. A la ceremonia le sigue un almuerzo con invitados especiales. Entonces Rafael Correa y Jorge Glas permanecen en el mismo salón, pero casi siempre en mesas separadas.

Eso también sucede con sus agendas. Cada uno recorre el país a su ritmo y por su lado. El Vicepresidente no se enfoca solo en el cambio de la Matriz Productiva, que es a lo que fue encomendado para este período. También tiene acercamientos constantes con las comunidades y la ciudadanía.

Con su ‘agenda territorial’, el segundo hombre más importante del país recorre las provincias. Generalmente le ocupa tres días. Aprovecha para compartir la vida cotidiana en lo que denomina ‘contacto ciudadano’. Se trata de algo distinto de su antecesor Lenín Moreno, cuyo trabajo orientado a
las personas con discapacidades le valió el reconocimiento internacional. Con ellos comparte durante 45 minutos el almuerzo o el desayuno.

La pugna política con los detractores del Gobierno queda en manos del Presidente, sus sabatinas, conversatorios y entrevistas. La ajetreada agenda le permite unirse con un segmento electoral muy codiciado por el oficialismo: la juventud. Es de lo más común ver al Segundo Mandatario tomándose un ‘selfie’ con jóvenes emprendedores o recibiéndolos en su despacho para que le presenten sus proyectos, fundamentalmente tecnológicos.

Blasco Peñaherrera Padilla, quien fue vicepresidente en el gobierno de León Febres Cordero (1984-1988), explica que el rol del Segundo Mandatario ha cambiado. “Ahora es un funcionario, por así decirlo, designado por el mismo Presidente”. Pero según el exvicepresidente, la agenda nacional tiene que llevarla siempre el Primer Mandatario. Y en este caso, dado su fuerte carácter, no admitiría que Glas actúe sin su consentimiento.

En la última sabatina, el Jefe de Estado insistió en que Glas “es uno de los posibles cuadros para candidatizarse en el 2017” para las presidenciales. Peñaherrera Padilla cree que esto es solamente un decir y que, talvez, las agendas separadas sirvan para prepararlo y medir su aceptación y resultados de gestión.

Los eventos oficiales son una muestra de que las agendas se cruzan en contadas ocasiones. Por ejemplo, durante las fiestas de Guayaquil, este 9 de octubre, solamente se los vio juntos en la ceremonia popular. Quien lo acompaña constantemente es Gabriela Rivadeneira, presidenta de la Asamblea Nacional.

Ese día, todas las actividades fueron lideradas por Correa. En cambio, el Segundo Mandatario tuvo una cita con los empleados de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones y después dio una entrevista radial. No fue hasta entrada la tarde cuando se encontró con el Presidente.

Tres días antes sucedió algo similar. El 6 de octubre el vicepresidente participó de la sesión solemne por la provincialización de Los Ríos y el 7 mantuvo una agenda de medios en Babahoyo. Mientras el Presidente, ese mismo día, participó de la sesión solemne de Quevedo. No se vieron hasta la noche en el evento de Somos Ecuador, en Cuenca.

En el Encuentro Latinoamericano Progresista, el vicepresidente no llegó a la inauguración y su silla fue retirada, pero sí estuvo en la clausura, el 30 de septiembre. No dio un discurso: la tarima fue de Correa y Rivadeneira. Y en la concentración del 17 de septiembre, durante la movilización sindical, tampoco fue protagonista aunque sí estuvo en Carondelet.

El analista Franklin Ramírez cree más que se trata de lo segundo. Pero añade algo: no es lo mismo Glas que Moreno y que en el primer año de Gobierno, su presencia mediática fue mayor.

Ramírez apunta dos factores: Correa no cede protagonismo fácilmente y éste es el primer Vicepresidente con tanto poder. El punto de quiebre fue cuando Jorge Glas advirtió que no sería candidato en 2017. Y desde entonces el escenario político dentro de Alianza País se llenó de mayores dudas en busca de su sucesor.

En contexto
Jorge Glas es uno de los vicepresidentes con mayor perfil en la historia republicana. Llegó a ese cargo con la tarea de llevar adelante el cambio de la Matriz Productiva. Si antes se lo veía más cercano al Presidente, últimamente ha tenido un perfil más bajo.

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