22 de abril de 2016 00:00

Mientras unos afectados salen de Pedernales, otros se aferran

Pobladores sacan pertenencias de sus casas y negocios en Pedernales para viajar a otras ciudades cercanas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Pobladores sacan pertenencias de sus casas y negocios en Pedernales para viajar a otras ciudades cercanas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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David Landeta
Gabriela Quiroz
y Diego Bravo (I)

Poco a poco, con las escasas pertenencias que lograron recuperar de entre los escombros, los habitantes de Pedernales dejan la ciudad.

Según el alcalde de Pedernales, Gabriel Alcívar, de los
34 000 habitantes de la zona urbana, el 50% se ha ido de Pedernales y el resto se resiste a evacuar. Antes del terremoto, de acuerdo con los registros del INEC, había 60 000 personas en esta zona manabita, que es la más devastada tras el terremoto del sábado.

Algunos fueron a casas de ­familiares en ciudades cercanas, como Santo Domingo de los Tsáchilas, Guayaquil, Chone, El Carmen... Otros, con mejores condiciones económicas, esperan empezar de nuevo lejos de las ruinas.

En las parroquias -detalló el Alcalde- la gente no se ha movilizado y recibe la ayuda de las autoridades del Gobierno y de otros organismos. La principal necesidad, tanto en el campo como en la ciudad, aún es el

agua, alimentos, ropa, utensilios de limpieza, entre otros.
Las escenas de gente cargando electrodomésticos, vestimenta y muebles son recurrentes. Embarcan sus pertenencias en viejas camionetas para marcharse.

Fernanda Palma cumplió 32 años un día después del terremoto. Vive en Quito, donde trabaja en una planta embotelladora de agua. Fue a Pedernales el domingo a rescatar a su madre -cuya casa de cemento se derrumbó-, ella quiere quedarse porque dice que no está dispuesta a perder las cosas que le quedan. La mañana de ayer, Fernanda trataba de convencerla para ir a la capital. Al final lo logró. Algo similar ocurrió con Juan Wiliams. Ayer montó en un camión lo que pudo salvar de su inmueble. Su meta es llegar a El Carmen, para comenzar de nuevo su vida.

Los que se quedan

En sus cuerpos y mentes quedó grabado cómo la tierra se sacudía y en minutos sus casas se vinieron abajo. Aún tienen miedo, cada réplica los deja sin aliento, pero aún hay decenas de pedernalinos, que no se van. Se aferran a la tierra donde nacieron y en los dinteles de sus casas hacen guardia las 24 horas, por temor a los saqueos.

Hay casas a las que es en extremo peligroso entrar, con cualquier movimiento pueden caer. Ellos esperan pacientemente que los ayuden a salvar sus pertenencias y saben que sus viviendas deben ser derrocadas. Su fin: reconstruir sus vidas, ahí mismo.

“No podemos huir como cobardes, estamos chiros pero con los bolsillos llenos de esperanza y fe”, dice Ramón Alcívar, de 63 años. Vive en el barrio 24 de Mayo. Lo que todavía queda de su casa está frente a la cancha de fútbol, casi a la entrada de Pedernales. Este sitio es su lugar de trabajo, pues ahí entrena a los jugadores del equipo de segunda categoría Ciudad de Pedernales.

Son 200 chicos, a quienes desde el sábado no ha visto. Su voz se quiebra al contar que uno de ellos, de apenas 15 años, murió. Salió del entrenamiento a su casa y mientras se bañaba, la estructura de su vivienda lo derribó. Ramón arma carpas en esta cancha todas las noches. Está consciente que la decisión de quedarse tiene sus riesgos: no hay agua potable, el alcantarillado colapsó, no hay sistema de aguas servidas.

La noche del pasado miércoles se encendieron parte de las luces de los postes de las calles. Hay barrios en completa oscuridad y, a lo lejos, se ven pe­queñas velas en las afueras de alguna casa maltrecha.

Efrem Delgado, vecino de Alcívar, ve algo positivo, no ha llovido en los últimos días, no hay mosquitos, por lo que pudiera bajar el riesgo de transmisión de enfermedades vectoriales. Alicia Vera también decidió quedarse en las afueras de su vivienda. Durante el día prepara alimentos para sus niños, pero tiene susto porque cuatro paredes internas de su domicilio se cayeron.

En las noches corre a la cancha de fútbol. La Policía le ha preguntado si quiere evacuar, pero responde que no quiere que se le lleven lo poco que aún le queda. Así como más de 10 000 personas en Pedernales no han evacuado, a lo largo de la vía a Bahía de Caráquez hay decenas de familias que pernoctan al pie de la carretera.

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