7 de December de 2009 00:00

La adversidad fortaleció al Dep. Quito

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Fabián Alarcón V.  Quito

El rumbo del Deportivo Quito hacia la consecución del título 2009 giró con un hecho clave: el cambio de directiva a mitad de año. Así  afirmaron los jugadores y el cuerpo técnico, principales actores de una campaña que empezó con tropiezos, incertidumbres y paralizaciones y que culminó con un bicampeonato nacional.

Este suceso permitió al técnico argentino Rubén Darío Insúa tener pleno poder sobre el plantel y, a los nuevos directivos, blindar al equipo para evitar que los jugadores hablen con la prensa sobre temas económicos. Además,  se inició un proceso para que la institución pase a manos privadas.

En el inicio de la temporada, cuando Jorge Burbano presidía el equipo, los jugadores estaban hastiados por estar impagos. Por ello, incluso desobedecían las órdenes del DT gaucho. Uno de los colaboradores reconoció a LUNES DEPORTIVO que el DT citaba a los jugadores a entrenarse a las 16:00 y ellos lo hacían una hora más tarde.

Casa adentro, el grupo estaba dividido entre quienes deseaban seguir entrenándose  para mantener la condición física y quienes querían una posición más radical. La cara más visible era Franklin Corozo, el lateral derecho que incluso fue citado por Burbano y para quien se buscaba una  sanción.

El club vivió así seis meses dramáticos. El Quito participó en la Copa Libertadores sin auspiciantes en el uniforme. Los futbolistas se paralizaron en febrero, el mes más crítico. Se presagiaba una campaña desastrosa y un futuro económico incierto.

Pero con el cambio dirigencial, Corozo quedó relegado al banco de suplentes en un movimiento estratégico que dirigentes y el mismo jugador admitieron. “Es un buen futbolista, pero queremos que todo el plantel reme hacia el mismo lado y quien no esté en esa corriente...”, expresó Santiago Ribadeneira, quien asumió la presidencia en julio y ahora lidera la Comisión de Fútbol.

“No queríamos   declaraciones imprudentes. Todos deben ceñirse a las reglas. Una palabra mal dicha puede generar división”, justificó el directivo. La idea era dar un ejemplo de autoridad.

Algo parecido ocurrió con José Luis Cortez, otro jugador, junto con Corozo, fundamental en la obtención del título 2008  y considerados insustituibles. El  defensor debió entrenarse por unos días con el equipo Sub 20,  por un acto de indisciplina.

A esto se agregó que el entrenador tuvo mayor tranquilidad para apuntalar el cambio en el sistema de juego de los quiteños. Se reforzó al equipo con tres argentinos que hoy se destacan por sus goles: Iván Borghello, Marcos Pirchio  y Franco Niell. Además, se jerarquizó el camerino con la  incorporación de Iván Hurtado, un referente de la Selección.

Según Ribadeneira, estas contrataciones representaron una baja inversión. Ellos reemplazaron a siete jugadores, entre ellos el colombiano Léider Preciado, el argentino Martín Mandra y el nacional Nicolás Asencio. “Los nuevos refuerzos, entre los tres, cobran menos de USD 100 000”, asegura el directivo.

El presupuesto del club  asciende en nómina a  USD 2 800 000, aparte de premios y gastos administrativos. Es decir, se estima que supera los USD 3  millones.

Cuando se dio el cambio de dirigencia, el club tenía un déficit aproximado de USD 3 millones. Solo a los jugadores se les adeudaban  USD 750 000 de tres meses. La venta de la publicidad en la camiseta, cuyo monto llegó a USD 250 000, en algo ayudó a solucionar el inconveniente.

El  Quito tenía una parte del presupuesto 2009 comprometida en el pago de premios, por lograr el título      2008. Bajo este contexto, el aporte de inversionistas fue clave. Fernando Mantilla, Santiago Ribadeneira, Rodrigo Jijón y Joselito Cobo, entre otros, fueron los principales  aportantes.

Con esa tranquilidad económica que empezó a rondar en el ambiente, Insúa y sus pupilos por fin pudieron enfocarse en el objetivo de buscar el bicampeonato.

Se establecieron roles y controles dentro del grupo. El meta Johvanni Ibarra, el volante Luis Fernando Saritama y Hurtado se convirtieron en los voceros del plantel. Toda inquietud económica debía despejarse con los directivos y en privado. Si alguien más del equipo deseaba tener un acercamiento con la cúpula, debía ser a través de ellos. Esto, pese a que Ribadeneira visita ocasionalmente  el complejo.

Hurtado también asumió la capitanía del equipo, sin embargo, ‘Bam Bam’ se refiere a Saritama, considerado el emblema del club chulla, como ‘capi’.  El lojano incluso  lució la cinta en la final.

Toda su trayectoria sirvió para que sus compañeros se pongan otras metas. Antes de que el Quito disputara el primer partido de la final contra el Cuenca,  Hurtado pidió a sus compañeros que dejen de pensar en lo económico y que se concentren en los partidos. “Ya veremos luego lo de los premios”.

Para ese momento, el Quito ya se había constituido en   una familia. Cada semana el plantel disfrutó de  cenas en el restaurante Peter’s, en el norte de la ciudad, invitadas por los directivos.

Los controles a los jugadores también fueron determinantes. Wladimir Ortiz, gerente deportivo, fue el encargado de cuidar de que los futbolistas cumplan con el llamado ‘entrenamiento invisible’. Michael Arroyo, por ejemplo, se sometía mensualmente  a controles antidopaje como requisito en su contrato, después de que el año pasado fuera suspendido del torneo por encontrársele residuos de cocaína en un examen de orina.  El chileno Mauricio Donoso también tuvo un cuidado especial y era concentrado con su familia en un hotel local.

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