4 de December de 2009 00:00

El adiós del maestro en tarde sin trofeos

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Gonzalo Ruiz Álvarez.

El maestro Luis Francisco Esplá se despidió de Quito dando cátedra de su magisterio, estupenda dirección de lidia y con una fuerte ovación por su torera labor. Templado estuvo José Tomás, sin ajustarse en su única corrida contratada este año, y sin oficio ni entrega el ecuatoriano Diego Rivas.

En tarde de sol,  algunas nubes y algo de viento y con la plaza llena se lidiaron toros   de Huagrahuasi y Triana,  que no correspondieron con las expectativas generales. Si bien hubo nobleza faltó transmisión y se destacó el primero, que se dañó la mano durante la lidia y el sexto que se podría haber definido bien en el último tercio.

Luis Francisco Esplá, de Alicante, vestía el mismo traje del triunfo del 5 de junio en Madrid. Saludó con buenas verónicas al primero de la tarde, de Huagrahuasi. De los tres pares que colocó el cuarteo final fue superior.

Un reposado inicio por alto dio pie a una inteligente serie de derechazos sin agobiar a la res que acusaba falta de fuerza. Después de la segunda tanda de excelentes muletazos y un forzado de pecho torero, el toro se rompió la mano y Esplá espetó un grito de disgusto. Hubo de abreviar con una estocada entera que derribó sin puntilla.  Ovación al diestro y palmas al toro en el arrastre.

El cuarto, de Triana, avisó pronto sus malas intenciones y cortó el viaje en una navarra que ensayó el maestro Esplá. Con la montera calada, en la querencia natural y en las tablas inició su labor con la pañosa roja para hacerse de él y salir al tercio. Cambió de terrenos y construyó un trasteo tan inteligente como poderoso y valiente.

Por el derecho el toro se defendía, por el pitón izquierdo quería coger y miraba mucho. Brillante y pundonoroso en el toreo ayudado al natural consiguió una meritoria tanda antes de adornarse. Entró a matar por los adentros y pinchó para dejar luego una estocada honda muy efectiva. Petición insuficiente de una labor poco comprendida por la   mayoría de espectadores que debió decir adiós al maestro con una merecida oreja que quedó en una fuerte ovación en los medios.

No se prestó para el lucimiento en el capote el tercero toro de Triana que correspondió a José Tomás, de Galapagar, Madrid. Acudió bien al puyazo de Naún Salazar y con suaves muletazos por alto, cuidando al toro inició Tomás su quehacer con la flámula. Una gran tanda de derechazos mostró que el toro humillaba mucho. Sin prisas, con las pausas que pedía la condición del toro, José Tomás hizo una faena de tersura y temple con estupendos pases de muleta. Remató con cuatro manoletinas, antes de pinchar con los aceros y dejar una estocada trasera y tendida. Ovación.

En el quinto, de Huagrahuasi, el madrileño toreó por suaves verónicas de capote. Dejó un muy buen par Carlos López, joven banderillero ecuatoriano. Inició con derechazos en dos series, la segunda de más nervio, aquel que le faltó al toro y que el diestro, acaso, debió poner. Para completar el cuadro el viento empezó a molestar, el toro se quedaba corto y el ensayo al natural no pasó de la buena intención. Con la espada cuadra cruzado y pincha, para recetar un volapié tendido y caído.

Diego Rivas, de Latacunga, saludó con buen tono a la verónica y galleó con soltura para llevar al toro de Triana a la cabalgadura donde recibe un largo puyazo de Braulio Almeida, quizá un castigo excesivo. Bien el Bille en talentosa lidia y Gabriel Caza deja un buen par de rehiletes.

Rivas no se acopló ante un toro sin fuerza ni malas intenciones que se fue quedando corto. Mató de estocada entera, tendida y tres descabellos. Aviso.
Diego Rivas tampoco entendió al sexto, un toro de Huagrahuasi que se hubiese definido bien de ser toreado con otro planteamiento de faena. Sin cruzarse ni entregarse todo terminó con un pinchazo hondo. 
 

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