19 de enero de 2016 20:24

650 casos de acoso sexual en el transporte integrado, en el 2015

Cabina para denunciar acoso sexual en Quito. Foto: Cortesía

Cabina para denunciar acoso sexual en Quito. Foto: Cortesía

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Isabel Alarcón

No colocarse en las puertas, vestir sin escotes o, incluso, evitar la utilización del transporte público, son algunas de las medidas que han tomado las usuarias, en Quito, para evitar ser víctimas de acoso sexual. Según una encuesta del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana, realizada a 910 mujeres, el 74, 3% señaló que el Trolebús es el transporte público donde más ha sufrido violencia sexual.

Es por eso que, como parte de la campaña Cuéntame, impulsada desde noviembre del 2014 por la vicealcaldesa del Distrito, Daniela Chacón, se instalaron cinco cabinas para atender exclusivamente a víctimas de violencia y acoso en el sistema de transporte público. Estas estructuras se encuentran en La Y, Río Coca, El Playón de La Marín, Quitumbe y El Recreo, al ser las estaciones con más flujo de pasajeros.

En estas, las víctimas reciben atención psicológica y legal, en caso de que la victima decida continuar con el proceso judicial.
Durante el 2015 se recibieron 650 denuncias, siendo la cabina de El Recreo la de mayor cantidad (más de 130) en el año. Esto se debe, considera Chacón, a que es una de las paradas con más afluencia de personas.

Aunque la implementación de estas cabinas ha permitido evidenciar la problemática, todavía quedan objetivos por cumplir. Uno de esos es la difusión del servicio. Así lo considera Blanca, usuaria del Trolebús, quien desconocía que podía denunciar el acoso recibido en el medio de transporte público. Generalmente, ella opta por cambiarse de puesto.

Al igual que Blanca, el 65,6% de las personas intimidadas afirmó reaccionar de esta manera, según datos proporcionados por la Vicealcaldesa. Por eso, Chacón coincide en que, aunque este mecanismo ha ayudado a procesar las denuncias, durante este 2016, es importante difundir el servicio.

Otro de los inconvenientes que todavía se registraron en el proyecto es que las víctimas no continúan con el proceso judicial. Estas acuden a las cabinas y reciben el apoyo psicológico, pero no hay un seguimiento. Por eso, buscan que toda la ciudadanía se involucre en esta problemática para que los testigos también denuncien la agresión y contribuyan a atrapar al acosador.

El tercer punto es fortalecer la cooperación con la Policía Nacional, Fiscalía de Flagrancia y las autoridades competentes. Así, se puede generar en la víctima la confianza necesaria para que quiera continuar con la denuncia.

Desde enero, hasta mayo, 1 800 empleados del sistema de transporte público, entre conductores y recaudadores, se estarán capacitando en las inmediaciones de Conquito en atención a las víctimas, calidad del servicio y sensibilización sobre temas de género.

Esta iniciativa, considera Chacón, es vital, ya que “si estas personas no saben como responder, una mujer se puede quedar callada”. Los conductores son, por lo general, los primeros en recibir la denuncia. Ellos deben avisar a la cabina más cercana para atender a la víctima.

La persona agredida se quedará custodiada en el transporte hasta que llegue una persona responsable, o se la llevará hasta una cabina para recibir atención. Si todavía no ha ingresado a la unidad al momento de recibir el acoso, debe avisar al recaudador.

Una vez que esté en las cabinas, se decide, dependiendo de la gravedad del caso, a que autoridades u organizaciones se debe acudir.

Las cabinas funcionan desde las 6:30 hasta las 21:30, los siete días de la semana.

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