9 de November de 2014 19:52

En la región el tránsito cumple una norma: sálvese quien pueda

Latinoamérica registra 120 000 muertos y 6 millones de heridos al año por accidentes de tráfico. La violación de las leyes es una constante. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

Latinoamérica registra 120 000 muertos y 6 millones de heridos al año por accidentes de tráfico. La violación de las leyes es una constante. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

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Leila Macor. Con aportes de corresponsales de América Latina, AFP. Redacción Mundo (I)

Residentes en Latinoamérica siguen con espanto las tenebrosas cifras del crimen, sin advertir que un peligro no menor acecha las calles de sus ciudades: en la mayoría de sus países, es más probable morir en un accidente de tránsito que a manos del hampa.

En Latinoamérica, con frecuencia las luces de cruce son decorativas, los límites de velocidad son meras sugerencias, la prioridad del peatón es una quimera y los semáforos rojos pueden ser ignorados porque supuestamente convierten al conductor en blanco fácil del crimen. Y este caos no sale gratis.

En 2013, 16 de cada 100 000 habitantes de la región murieron por accidentes de tránsito, según la Federación Internacional del Automóvil (FIA). La semana pasada, un choque entre un autobús y un camión que invadía la pista contraria dejó 10 muertos en Sao Paulo, Brasil.

Asimismo, un bus que en Ecuador circulaba por la vía Papallacta, en Napo, se volcó causando la muerte de cuatro personas y dejando heridas a 25 más.

En nuestro país, en lo que va de este año, se registraron
28 893 accidentes, 67% más que el año anterior, según datos oficiales. Pichincha, Guayas, Tungurahua y Azuay lideran la lista de las provincias en donde más accidentes de tránsito ocurren.

No obstante, la cifra más alarmante la ostenta República Dominicana, donde 41,7 personas de cada 100 000 mueren por accidentes de tránsito, de acuerdo con un conteo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Como referencia, en Estados Unidos fallecen 4,7.

Las causas del problema son el desdén a las normas, la cantidad de motocicletas y... la idiosincrasia: “¿Para qué el casco si hace calor?”, se preguntaba retóricamente Leandro Perillo, alto responsable de la FIA, en una entrevista reciente.

La idiosincrasia no es un hecho menor en un subcontinente cuya cultura popular asegura que alguien ebrio conduce mejor “porque tiene más control”, como canta con ironía el salsero panameño Rubén Blades.

La idiosincrasia, ¿un problema recurrente?

“¡Mootoo-taxi!”, gritan los mototaxistas de Caracas, la capital venezolana, que circulan por todas partes como una manada de caballos. Familias enteras pueden viajar en moto en esta ciudad colapsada por el tráfico, a veces hasta con maletas y por supuesto sin cascos.

Resultado: los motorizados representan 25,73% de las muertes por tránsito en Venezuela, según el Observatorio de Seguridad Vial.

Si se comparan estos números con las víctimas de homicidio que publica la ONU, muchas naciones latinoamericanas sufren más por el tránsito que por el crimen, que sin embargo suele ser citado como la principal preocupación de la población.

En Uruguay “es más probable que salgas al trabajo desde tu casa y no vuelvas por un hecho de tránsito que por una rapiña o un homicidio”, sostuvo Pablo Inthamoussu, secretario ejecutivo de la Unidad Nacional de Seguridad Vial.

En este país, 21,5 de cada 100 000 personas fallecen al año en accidentes viales y 7,9 por homicidios. No obstante, casi cuatro de cada 10 uruguayos cita la inseguridad como el principal problema de su sociedad, según el último informe de Latinobarómetro.

“La población no tiene la real dimensión del problema que está enfrentando. La seguridad vial no está integrada al concepto de inseguridad”, añadió Inthamoussu.

Fenómenos similares ocurren en Brasil, el Cono Sur y los países andinos. Las naciones cuyos índices de homicidios superan los de fallecidos en accidentes de tránsito son minoría: México, Colombia, Venezuela y los países centroamericanos, excepto Costa Rica y Nicaragua.

Las leyes existen, pero es difícil imponerlas. Cuba, Perú, Colombia y Uruguay están entre los que buscan más agresivamente hacer respetar las normas y educar a la población, ya sea con la imposición de sanciones, la reducción de la tolerancia al alcohol o la creación de cuerpos de policías de tránsito especializados.

Rutas montañosas y  carros en mal estado

En Montevideo, un taxi dobla a la derecha sin reducir la velocidad y casi atropella a una mujer. “Mirá, cree que la calle es de ella”, suelta el chofer.

En Lima, los autobuses viajan a velocidades temerarias. La cocinera Victoria Aguilar da fe: “Subo con miedo porque un montón de veces han chocado. Una vez todos los pasajeros nos fuimos al piso por una violenta frenada”, comenta .

También es vox pópuli la cantidad de vehículos que caen de abismos en las bellas pero mal mantenidas rutas de las montañas andinas.

Y Argentina no se queda atrás. Los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte en gente de entre 1 y 32 años. “Ninguna guerra, ni catástrofe o desastre natural ha producido semejante tragedia”, dice Alberto Silveira, presidente de la ONG Luchemos por la Vida.

Cuba comparte este coctel, adobado con su sabor peculiar: gran parte de su parque automotor son Ladas y Moskvitchs de la era soviética, o clásicos estadounidenses de los años 50. Ilustran la postal más característica de La Habana, pero son vehículos carcomidos por el óxido y el salitre y con crónicos problemas de frenos y dirección.

Miles de fallecidos  y millones de heridos

En total, Latinoamérica registra unos 120 000 muertos y 6 millones de heridos al año por accidentes de tráfico, según el presidente de la Fundación Española para la Seguridad Vial (Fesvial), Luis Montoro, cuya entidad organizó la semana pasada en Lima la Segunda Jornada Iberoamericana de Seguridad Vial Municipal.

El presidente de Fesvial remarcó que se trata de un “grave problema” que afronta la región y dijo que estas cifras, que se dan al sumar los decesos en ciudades y en vías interurbanas, triplican el registro de Europa, donde cada año mueren unas 27 000 personas.

La mitad de los heridos por accidentes de tráfico se producen en las ciudades de la región, donde las víctimas mortales llegan a 35 000 al año, lo que triplica las cifras en Europa.

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