6 de June de 2015 19:32

Dramática agonía después de un siniestro

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Sara Ortiz
Redactora (I)
ortizs@elcomercio.com

Los 45 días que permaneció hospitalizada Andrea B., sus padres experimentaron la desolación y la esperanza. “Era como estar en una montaña rusa de emociones”, recuerda Luis, su papá. La más leve mejoría de la joven era motivo de alegría. Lloraron cuando, pese a todos los pronósticos, sobrevivió la operación del cerebro.

Pero el riesgo de muerte era elevado. Los médicos le recomendaron a Luis despedirse de su hija, le entregaron las pertenencias, los anillos y la ropa.

Ella se accidentó el 27 de febrero del 2014 en la vía Guayllabamba, a la altura del río Pisque, en el norte de Quito. El auto en el que viajaba chocó contra un tráiler.

La primera semana fue la más crítica, pero logró estabilizarse. Las semanas posteriores fueron una larga agonía. El día 43, la joven presentó problemas para respirar, la mañana siguiente sufrió un paro cardio-respiratorio. El día 45 falleció en un hospital del norte de la capital.

Más del 50% de las muertes por accidentes de tránsito suceden después del siniestro, según un informe de la Agencia Nacional de Tránsito. En el 2013, por ejemplo, 2 277 personas fallecieron en el lugar del accidente, otras 3 072 (57,4%) perdieron la vida en las casas de salud. El año pasado 2 322 personas fallecieron por accidentes viales.

Luis Yépez es el coordinador Nacional del programa Prehospital Trauma Live Support, una organización estadounidense que capacita sobre el manejo adecuado de víctimas.

Explica que según el tiempo estándar internacional, una persona debe ser socorrida entre cinco y siete minutos después de la emergencia y en la primera hora debe ser operada. "De nada sirve que un paciente grave llegue a un hospital si han pasado horas o días, antes de tener una atención definitiva”, explica el profesional.

Simona Inga, de 22 años, ingresó al quirófano tres días después de haber sido arrollada por un camión en la Panamericana sur, en Tambillo. Pasó por cuatro hospitales antes de recibir atención con un neurocirujano. La mañana del 27 de abril del 2013 salió de la operación. Su madre y dos tías, que también fueron arrolladas, ya habían sido enterradas en Machachi, afuera de Quito.

Su tío, Segundo Lemache, tenía esperanzas de que sobreviviera. Pero ella nunca logró salir del coma y murió tras 56 días hospitalizada. En ese tiempo, su familia, que vive de la agricultura, vendió un auto para costear las medicinas.

El padre de Andrea, en cambio, dejó su trabajo en Ibarra para estar cerca de la joven. Por las noches durmió en las bancas del hospital. Durante las visitas le susurraba al oído que debía aferrarse a la vida.

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