12 de febrero de 2017 00:00

El abuso sexual escolar se puede prevenir

Las cifras muestran que hay más niños y adolescentes víctimas de personal de establecimientos públicos, privados, fiscomisionales y municipales.

Las cifras muestran que hay más niños y adolescentes víctimas de personal de establecimientos públicos, privados, fiscomisionales y municipales. Foto: EL COMERCIO 

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Mariela Rosero

Uno de los profesores invitaba a sus pequeños alumnos a jugar a los superhéroes, en un lugar no muy frecuentado de la escuela. Y ahí les tocaba sus partes íntimas. Otro hacía lo mismo, mientras les contaba un cuento, cuando estaban relajados. Un tercero violó a su estudiante en una colchoneta, tras una clase de deportes.

Las historias de acoso, abuso sexual y violación en ambientes educativos provocan escalofrío. Cuando salen a la luz hacen que los padres de familia se preocupen y sientan que sus hijos pueden también ser presas de agresores. El último caso en el que fue sentenciado en primera instancia un docente por la supuesta violación de un pequeño en una escuela ha generado manifestaciones en Quito.

Las cifras muestran que hay más niños y adolescentes víctimas de personal de establecimientos públicos, privados, fiscomisionales y municipales. Del 2012 al 2014 se registraron 343 casos de delitos sexuales en el ámbito educativo en el país. En el 2015 fueron 152 y en el 2016, con corte hasta julio, 33.

Eso dice el informe del comité técnico del convenio entre la Fiscalía, el Ministerio de Educación y la Judicatura. También que entre el 2003 y el 2010 hubo solo 63 denuncias. Y que las edades de las víctimas van desde los 4 años. Pero la mayor incidencia está entre los 15 y 17.

Además, en el 2016, se contabilizaron 378 casos de violencia sexual, “detectados pero no cometidos en el contexto educativo”, se aclara.
En estos días, padres han expresado, en grupos de WhatsApp de colegios y redes sociales, su indignación y miedo de que sus hijos sean parte de las estadísticas. Varios han sugerido que se les enseñe que “nadie puede tocar sus genitales”.

El perfil del agresor sexual en un colegio no es como las madres se imaginan.“No tiene facciones que causan miedo”, apunta Eduardo Estrella, fiscal que coordina las unidades especializadas de violencia basada en género de Pichincha.

Y prosigue con la descripción: “La mayoría de esos agresores sexuales son carismáticos y sociables”. Ha tenido a profesores sentenciados por violación, muy queridos por un barrio y colegas, que llegan en grupo a contarles lo buena persona que son. Por eso un error de los planteles -considera- es hacer una defensa institucional de un caso individual.

Marie France Merlyn Sacoto es psicóloga especializada en abuso sexual y docente de la U. Católica. Ella pide a los padres educar a los hijos sobre el manejo de su intimidad, lo que está permitido y no. Y claro, según la edad, darles nociones de para qué sirven sus órganos sexuales, llamarlos por sus nombres anatómicos.

Ella recuerda a una niña que repetía: “A mi tío le gusta jugar con Pepita”. Todos pensaban que se trataba de una muñeca. Así llamaba a su vagina.

¿Cuáles son las alertas? Merlyn dice que un indicador es que un niño pequeño hable o actúe de una manera sexual que no corresponde a su edad. Si escenifica sexo oral, por ejemplo, se debe investigar de dónde sacó esa información.

La psicóloga también pide que mamá y papá le den confianza a su hijo, para que exprese cuando algo no le agrada. Es peligroso que se obligue a los niños a consentir y a hacer todo lo que le piden los adultos.

Los abusos sexuales se producen en relaciones de poder, seducción e intimidación, anota Ariadna Reyes, asesora de la Fiscalía. Indica que los maestros que agreden sexualmente a sus alumnos se aprovechan de la fantasía y el pensamiento mágico...

El fiscal Estrella le da la razón a Merlyn y acota que para los niños resulta creíble lo que le dice el adulto. “Si cuentas lo que te pasa se te cae la lengua o se mueren tus papis”, les dicen.

Esos y otros detalles se descubren con herramientas como la Cámara de Gesell, conformada por dos ambientes, separados por un vidrio, con visión unilateral, equipados con audio y video. También con el uso de muñecos sexuados, a través de los que los niños, en un ambiente lúdico, identifican a su agresor.

A la hija de Mariana (nombre protegido), graduada el 2015, el profesor de matemáticas le dejaba rosas con el conserje, en fechas especiales. A ella y a dos compañeras de un colegio religioso de la Sierra centro, continuamente les telefoneaba.

Un día él amenazó a la chica, que entonces tenía 15 años, con matar a su hermana menor. En medio de una clase de recuperación pedagógica la llevó al baño del colegio y la violó.

El docente está prófugo, con boleta de captura. Aunque no fue la primera vez que molestó a una alumna. La madre de una de cuatro jóvenes, que se graduaron hace 10 años, sostiene que a su tiempo pusieron la queja ante las autoridades, pues el mismo hombre tocaba a sus niñas, “era un morboso”. Por eso otras desertaron.

El agresor fue suspendido por tres meses, luego lo reubicaron y lo pusieron frente a otro grado. “Se pudo evitar la violación, producida años después. Las religiosas quisieron evitar que el colegio esté envuelto en un escándalo”, opina la señora, cuya hija y sus excompañeras testificaron en el proceso que se le sigue por violación y acoso al matemático.

“Algo está pasando si tu hijo cambia de comportamiento; conversa con él y créele”, pide Sybel Martínez, del Grupo Rescate Escolar, contra la violencia en escuelas y colegios.

Entre otras actitudes que deben identificar los padres nombra siete: si pasa del llanto a la risa, se aísla, no recibe llamadas para salir, está triste, presenta terrores nocturnos, se queja de dolores articulares o infecciones de garganta y baja su rendimiento académico.

Un currículo de la no violencia debiera estar inmerso en el académico -comenta- y cree importante que se enseñe a los chicos a protegerse, también alfabetismo emocional.

Desde el 2013 existe un protocolo y ruta de actuación ante hechos de violencia sexual detectados o cometidos en escuelas.

Los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE) deben abordar el caso y elaborar un informe. Las autoridades están obligadas a denunciar ante la Fiscalía y a la Dirección Distrital de Educación. La Junta de Resolución de Conflictos debe disponer la suspensión temporal del agresor, reubicación provisional...

En el informe de Fiscalía y de Educación se indica que de 152 casos de este tipo, registrados en el 2015, 24 fueron denunciados por rectores y directores distritales. “Las estrategias para romper el espíritu de cuerpo comienzan a rendir”, se lee.

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