11 de noviembre de 2015 09:40

30 años después de la tragedia, los habitantes de Armero buscan a sus hijos

Las ruinas de casas destruidas durante la avalancha la noche del 13 de noviembre de 1985, que terminó con la población de Armero (Colombia).  Foto: Mauricio Dueñas / EFE

Las ruinas de casas destruidas durante la avalancha la noche del 13 de noviembre de 1985, que terminó con la población de Armero (Colombia). Foto: Mauricio Dueñas / EFE

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Agencia EFE

El alud que hace treinta años borró del mapa la localidad colombiana de Armero causó otras víctimas: los centenares de niños separados de sus familias y entregados en adopción y cuyos padres ahora buscan su pista en vídeos y fotos de la época.

La historia ha permanecido, paradójicamente, enterrada durante décadas pese a que la imagen icónica de la tragedia tenía el rostro de una niña, Omayra Sánchez, que permaneció sepultada durante días en el lodo ante los ojos del mundo que miraban atónitos su agonía.

En medio del caos por la avalancha que el 13 de noviembre de 1985 dejó unos 25 000 muertos y miles de heridos que luchaban por sobrevivir en un mar de lodo, muchos niños fueron separados de sus padres, que nunca más volvieron a verlos.

Ellos tienen la certeza de que sus niños están vivos porque en muchos casos los entregaron a socorristas que llegaron a la zona tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz que generó el alud de piedras y lodo, pero luego perdieron su pista.

Francisco González, un armerita que perdió a parte de su familia en la catástrofe, puso en marcha el proyecto "Niños Perdidos de Armero. Una causa que nos toca a todos" con el que pretende reunificar a las familias.

González, director de la Fundación Armando Armero, explica que el proyecto, que todavía está en sus primeras fases, nació en 2010, cuando comenzó a recibir cartas de supervivientes que le pedían ayuda para buscar a sus hijos, dijo a Efe en una entrevista.

"Al ver varias peticiones me dio por investigar y corroborar ciertas de esas historias", afirma.

Visitantes al museo de la memoria ubicado en Armero (Colombia). Los pocos documentos gráficos que quedan de la vida en Armero muestran una reunión de amigos en una piscina municipal, o la calle de la iglesia. Foto: Mauricio Dueñas / EFE

Visitantes al museo de la memoria ubicado en Armero (Colombia). Los pocos documentos gráficos que quedan de la vida en Armero muestran una reunión de amigos en una piscina municipal, o la calle de la iglesia. Foto: Mauricio Dueñas / EFE

El director de la Fundación cita como referente el caso de una mujer que supo que su hermana salió viva de la catástrofe de Armero y fue recogida por un hombre conocido como "El Mudo", que vivía en una aldea cercana, quien más de dos décadas después le confirmó la versión y dijo que la puso en manos de un socorrista.

Las piezas comenzaron a encajar y la sospecha se tornó certeza, por lo que realizó una primera investigación que dejó una lista con 236 familias buscando a sus vástagos y siete niños que ahora buscan a sus parientes.

"Los familiares me dicen que han mandado cartas al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) durante más de 20 años y nunca han respondido. Se va regando la bola de que ayudo a buscar niños y fue creciendo como una avalancha", explica González, quien tiene a las Abuelas de la Plaza de Mayo de Argentina como el modelo a seguir en esta tarea.

Sin embargo, para poder llevar adelante esta investigación se necesita mucho dinero, por lo que hasta el momento solo se han dado los primeros pasos en ese sentido.

Y antes de empezar su camino ya logró el primer éxito al reencontrar a un niño perdido de Bogotá, adoptado por holandeses, que figuraba en los registros como uno de los menores salvados de la catástrofe de Armero.

"Imagínate lo que viene a demostrar eso", destacó González.
La cabeza visible del proyecto trabaja a destajo para seguir sacando casos y en su despacho se acumulan videos de niños grabados tras la tragedia.

En ellos González ha recopilado concienzudamente los testimonios gráficos que pueden demostrar que los niños fueron arrebatados a sus familias para darlos en adopción.

Para este armerita, los niños fueron raptados por mafias organizadas, "personas inescrupulosas que siempre andan en la búsqueda" de menores, así como "de, extranjeros que de buena fe se encariñan con un niño, se lo llevan y no dicen nada" o "colombianos de buena o mala fe".

"Otra parte de la culpa es del Estado que no tuvo realmente un control y entregó a niños sin hacerles prueba de ADN", agregó.

Los supervivientes de aquella tragedia perdieron sus documentos en el lodazal en que se convirtió su pueblo, por lo que para reclamar a sus hijos debían presentarse en notarías acompañados de testigos, proceso que dificultó la búsqueda por parte de los padres legítimos y pudo facilitar el trabajo de quienes querían llevarse a los niños.

"No es fácil sacar esta angustia y este pesar que llevan (las familias) durante tantos años. Sacar eso de adentro no es fácil", concluyó.

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