31 de agosto de 2014 11:39

A 26 años de la muerte de Leonidas Proaño, el país aún lo recuerda

Moseñor Leonidas Proaño. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Redacción Política

El tiempo no ha podido borrar la presencia y la obra de Leonidas Proaño. Conocido como el Obispo de los Indios, hoy, 31 de agosto, se cumplen 26 años de su muerte.


Por eso, hoy en Ibarra, ciudad de su nacimiento el 29 de enero de 1910, se realizan varios homenajes en su honor.

Respetado por los indígenas de Riobamba, ciudad para la que fue designado obispo el 29 de mayo de 1954, fue llamado "taita", palabra que no solo significa padre, sino que es una muestra de respeto. Y es que con él comienza aquello denominado "la revolución del poncho".

Gracias a su acción pastoral, comenzaría la lucha de los sectores indígenas. Y quiso ser denostado por los sectores poderosos de esa región. Como si fuera un insulto, comenzaron a denominarlo "el indio Proaño".

Adhirió a la "teología de la liberación", término acuñado por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, que no era otra cosa que levantar una iglesia desde los pobres: la opción preferencial por los pobres.

Grandes teólogos de la región se sumaron a esta causa, como el franciscano brasileño Leonardo Boff. A esta tendencia se la acusó de querer introducir el marxismo, de apoyar el comunismo. Pero como decía el sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal: "el evangelio me hizo marxista".

Y de ser conspirador también fue considerado monseñor Proaño. En 1976 fue apresado junto a 55 sacerdotes, acusados por la dictadura militar de participar en una conspiración para derrocar al régimen.

"No tengo título de sociólogo ni de antropólogo, no he ido a los colegios y universidades grandes para poder conocer el mundo indígena. Mi colegio, mi universidad, han sido las comunidades indígenas. Los indígenas fueron mis maestros, ellos me han enseñado y por lo mismo este premio se los debo a ellos", dijo cuando recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Saarbureken (Alemania), el 18 de julio de 1987.

Un año después falleció, el mismo año en que fue nominado al Premio Nobel de la Paz. Su legado son las escuelas radiofónicas populares y las luchas indígenas que desde 1990, con el levantamiento nacional de este sector que quedaría para siempre como uno de los sectores fundamentales de la política nacional.

Hoy, en Ibarra, se realiza una caminata de cinco kilómetros acompañado por una banda de pueblo hacia la tumba del Obispo de los Indios, para rendirle homenaje.

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