5 de March de 2010 00:00

1987 dejó lecciones, algunas sin aprender

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Redacción Quito
quito@elcomercio.com

Hace 23 años   hubo, en la misma noche,  dos temblores de 6,1 y 6,9 grados en la escala de richter que dejaron varias lecciones a la ciudad y a sus autoridades e instituciones.

Hugo Yepes, director del Instituto Geofísico (IG), explica que los sismos de 1987 no fueron catalogados como terremotos en Quito. “La afectación fue a los edificios históricos del Centro Histórico que son parte del Patrimonio. No hubo casas destruidas”.



Los consejos

Prevea  cómo  reaccionarían usted y su familia ante un eventual  terremoto. Revise   detalladamente  los probables riesgos que pueden existir en su hogar, en casas de amigos, en el trabajo...

Revise, controle  y refuerce  el estado de  partes  que  pueden desprenderse, como chimeneas, balcones. También  las instalaciones que puedan romperse (redes eléctricas, agua, gas...)
 
Tenga a mano  una linterna y un transistor (radio a pilas) y baterías de repuesto.         

Mantenga en su casa algunas mantas, cascos o gorros acolchados, para cubrirse la cabeza.
 
Durante un movimiento telúrico,  mantenga la calma y pida lo mismo a los demás. Manténgase alejado de ventanas, cristaleras, cuadros, chimeneas y objetos que puedan caerse.

En caso de peligro,  protéjase debajo de los dinteles de las puertas o de algún mueble sólido, como mesas, escritorios o camas; cualquier protección es mejor que ninguna.

Si está en el exterior,  manténgase alejado de los edificios altos, postes de energía eléctrica y otros objetos que   puedan caerle  encima. Diríjase a un lugar abierto.
 
Después del temblor,  no trate de mover indebidamente a los heridos con fracturas, a menos  que haya peligro de incendio, inundación, etc...

Como resultado del movimiento de tierra,  hubo daños en las estructuras de las iglesias de San Agustín, La Merced,  La Compañía...
 
El historiador Alfonso Ortiz señala que los movimientos telúricos de 1987 dejaron en evidencia la fragilidad del Patrimonio del Centro Histórico. Explica que los daños en las estructuras monumentales se debieron a una acumulación de deterioro ocasionado por sismos anteriores y  que no fueron reparados.
 
Por ello, luego del movimiento del 5 de marzo, las estructuras, como la torre de San Agustín fueron las más afectadas y estuvieron a punto de desplomarse.
Luego de constatar la vulnerabilidad de los edificios patrimoniales, el entonces Congreso Nacional, decretó la creación del Fondo de Salvamento del Patrimonio (Fonsal). 

Carlos Pallares, ex director de esta institución, señala que el Fonsal trabajó desde 1989.    La restauración de los templos se inició con la administración municipal de Rodrigo Paz. El trabajo consistió -dice Pallares- en darles soporte a las antiguas estructuras de adobe. En esta labor se han invertido, hasta el momento, USD 250 millones.
 
Para Ortiz y Pallares la lección que dejó el sismo de aquella época fue contundente: la falta de mantenimiento del Centro Histórico. La consecuencia: la posible pérdida del patrimonio de 400 años.
 
Pero el temblor también dejó experiencias al Cuerpo de Bomberos. El Jefe de  los Casacas Roja, Atahualpa Sánchez, estuvo de turno esa noche. Él recuerda que el temor no solo se apoderó de los ciudadanos, sino también del equipo de socorristas que estaba de guardia el día del temblor. “En momentos como esos nos damos cuenta de lo mínimos que somos frente a la naturaleza”. El Jefe de Bomberos admite que aunque no se reportaron daños considerables, sí hubo falta de coordinación de acciones entre la Policía, Cruz Roja y Defensa Civil. “Todos prestábamos ayuda en nuestros ámbitos. Nosotros ayudábamos a evacuar edificios. Pero no hubo una acción conjunta”.
 
El paso inmediato, luego del sismo, fue la instauración de talleres de capacitación. La lección-refiere Sánchez-fue la necesidad de trabajar de manera organizada y coordinada”.

En el caso de la Empresa Eléctrica Quito, la prevención fue el aprendizaje del sismo de 1987.   Según esta institución, pese a que los daños ocasionados por ese temblor fueron mínimos, se tomaron previsiones.
 
Manuel Rueda de  la EEQ, afirma que en esa noche se reportaron daños en el cableado de los sectores de Selva Alegre, Cotocollao, Andalucía, La Ofelia. Sin embargo, los problemas fueron mínimos. “No hubo daños en las subestaciones.  Lo cual fue importante”. Para evitar que existieran daños en las subestaciones, estas se construyen  con  medidas  para soportar sismos.
 
Yepes explica que el sismo marcó la pauta para realizar una investigación sobre los riesgos sísmicos de la ciudad.  Según la publicación,  presentada en mayo de 1994,  desde  1541 se registraron 23 terremotos y más de 1100 sismos en Quito.

Jorge Ortega, coordinador nacional de operaciones de la Cruz Roja, dice que luego del terremoto de 1987, la gente solicitó por un período muy corto la colaboración de los servicios de emergencia para la elaboración de planes de contingencia. Pero con el tiempo esos planes preventivos fueron olvidados.  “

Hay que propiciar una cultura de la prevención que no salga solo desde el Estado sino que sea parte de la cotidianidad. Hay suficientes recursos humanos pero no logísticos”.
 
Pero algunas lecciones no se aprendieron. El urbanista Diego Salazar afirma que aún falta trabajar en el control de las edificaciones y de asentamientos  ilegales. “Falta un riguroso control”.  
 

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