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No hay peor cosa que tomar decisiones con información errada. Las secuelas pueden ser fatales. Hay innumerables ejemplos en todos los campos, desde el diplomático hasta el militar. De ahí que tener certeza es trascendente para asegurar los objetivos buscados.

En la economía ocurre algo parecido. Por eso la credibilidad de los datos es parte de la institucionalidad pública. Cualquier duda debe ser aclarada con argumentos debidamente sustentados. Y si los hechos llevan a cuestionar ciertas hipótesis, el camino es enmendar los procesos y fórmulas de cálculo.

Las cifras de empleo siguen ofreciendo datos cuestionables. Desde marzo del 2007 no crece la población económicamente activa (PEA). Justo ahí se cambió la metodología de cálculo y empezó este efecto.

La justificación oficial recae en la reducción de la población joven, bien joven, que dejó de buscar empleo y se dedica a estudiar de manera única y exclusiva.

Un cambio tan repentino, desvinculado de la tendencia demográfica solo puede estar sostenido por una mejora fulgurante de la realidad socio-económica del país. Ciertamente eso no se ve en las cifras de pobreza urbana. Recién en el 2010 se reducen unos pocos puntos porcentuales. Además, ¿es esto consistente con el número de personas que trabajan por familia?

En fin, ahora oficialmente uno de cada veinte ecuatorianos que quieren trabajar no lo puede hacer. Y el porcentaje es tan bueno que hay pocos países en el mundo que consiguen presentarlo. Incluso sociedades que vienen luchando contra el subdesarrollo durante algunas décadas y lo hacen de manera persistente con resultados extraordinarios en la lucha contra la pobreza, no llegan a poner su dato de desempleo en el nivel bajo en el cual Ecuador lo tiene.

Chile es un buen ejemplo de la región. Desde 1982 sostiene una política económica consistente: abierta, de mercado, con fuerte acción social -especialmente desde el retorno a la democracia-, equilibrada, con instituciones consolidadas, gran incorporación de jóvenes a la educación superior, sustantiva reducción de la pobreza, pero ni bajo estas favorables condiciones la PEA se ha mantenido estancada. Desde el 2007 hasta el 2010 hay un millón más de chilenos que quieren trabajar. Y, a pesar del aumento de la población estudiantil, los jóvenes siguen buscando trabajo, por lo cual la tasa de desempleo no cae del 7%.

Colombia tiene en el mismo lapso 2.5 millones más de personas en la PEA y el desempleo a pesar de los buenos resultados económicos está cerca del 10%. Perú lleva 20 años de estabilidad y crecimiento y el desempleo se ubica en el 7%. ¿Será posible que en Ecuador con la realidad conocida, el desempleo esté en el nivel informado?

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